Imprimir

Virginidad ¿dónde está lo malo?

Pbro. Roberto Visier

Además de la presión psicológica y social injusta, que tiene que sufrir el que vive transitoria o definitivamente en ese estado de virginidad por libre elección, cabe preguntarse ¿dónde está lo malo? ¿Cuál es el desorden o la sinrazón de situaciones como las que vamos a enumerar?

Estamos haciendo una visita a los antecedentes de la formación de la familia: la educación para el amor, el noviazgo, la sexualidad, pues estamos convencidos que la crisis familiar hunde sus raíces en momentos de la vida anteriores al inicio de la vida matrimonial. Sabemos que cuando en la familia y en los centros de enseñanza hay un vacío de verdadera formación humana, y desgraciadamente lo hay, dichos criterios de maduración personal se absorben del ambiente circundante, en este caso de los medios de comunicación y de las conversaciones entre jóvenes. Las máximas que en estos casos se respiran en la atmósfera social son de este talante, empezando por los más vulgares y siguiendo por los más refinadas: “la virginidad da cáncer, vacúnate”; “macho que se respeta no pela ni una, se corona a todas las que pueda”; “este es medio raro porque ni ve pornografía, ni ha estado todavía con ninguna”; “no hay que reprimirse, es una necesidad fisiológica”; “el equilibrio psicológico y afectivo requiere una vida sexual activa y responsable, es lo más natural del mundo”. No es necesario decir que detrás de cada una de estas afirmaciones no existe el más mínimo concepto de matrimonio, sino de relación sexual al margen de casi toda norma moral.

Además de la presión psicológica y social injusta, que tiene que sufrir el que vive transitoria o definitivamente en ese estado de virginidad por libre elección, cabe preguntarse ¿dónde está lo malo? ¿Cuál es el desorden o la sinrazón de situaciones como las que vamos a enumerar?: la jovencita o jovencito que por edad o circunstancias o por motivos personales no desea todavía comenzar un noviazgo; la del que ya comenzó un noviazgo y estima que la entrega del propio cuerpo es algo tan íntimo y decisivo, tan comprometedor y con tantas consecuencias que es preferible diferirlo; la del que opina que entregar el cuerpo es entregar el corazón y prefiere entregar el corazón de otra manera ajena a lo sexual; la del que por incapacidad física o psicológica no puede tener una vida sexual o formar una familia. ¿Diremos que todos ellos o ellas son menos que los demás, o tienen un concepto de la vida menos respetable que el que propone y parece querer imponer la moda, ridiculizando o calumniando al que piense u obre distinto?

Los beneficios de la virginidad son claros:

Es el medio más seguro y más barato para prevenir cualquier tipo de enfermedad de transmisión sexual.

Es la mejor estrategia para evitar los embarazos no deseados (adolescentes, mujeres solteras) y los abortos a los que con demasiada frecuencia conducen esas circunstancias; es un antídoto contra los varones hipócritas que fingen un amor verdadero cuando sólo buscan una relación pasajera;

Hace del noviazgo una relación de maduración espiritual en el amor (eso debe ser propiamente el noviazgo), lo que hace nacer un amor más auténtico y permite que sea menos traumática la ruptura cuando la relación no funciona. Esto es debido a que la entrega sexual crea un lazo pasional entre la pareja que es muy doloroso romper, pero que en sí mismo no garantiza el verdadero amor. De ahí que fácilmente coexistan un entendimiento mutuo muy deficiente (peleas, desprecios e insultos, desinterés, apatía, infidelidad) con una gran dificultad en romper la relación.

Por último la virginidad de los novios es un entrenamiento para la fidelidad en el matrimonio. Ellos se sienten atraídos mutuamente y el amor que va creciendo es tendente a sellar su amor en una entrega corporal. Sin embargo son conscientes de que no están preparados o no tienen todavía los medios para convivir y formar una familia, por lo que deciden controlar su deseo de estar juntos. Vencen los deseos del cuerpo el favor de un bien superior que es la maduración en el amor y la formación de un hogar sólido y estable. Esto los hace espiritualmente fuertes. No esclavos de sus sentidos o instintos, sino dueños de sus sentimientos. Una vez casados podrán sentir una atracción física hacia otra persona, pero sabrán vencerla en bien del amor y fidelidad que deben a su cónyuge y la estabilidad de su hogar. Sin embargo los que dieron rienda suelta a sus sentidos y deseos sexuales durante su noviazgo, se verán fácilmente envueltos en el triste vicio del adulterio, lo que desencadenará su fracaso matrimonial y su propia infelicidad.

En otras circunstancias de la vida también se dan casos en los que la abstinencia sexual se convierte en una opción de vida conveniente e incluso necesaria. Podemos citar el caso del que enviuda y no desea entregar su vida a otra persona (fidelidad al amor entregado post mortem), o no desea imponer un padrastro o madrastra a sus hijos; cuando la enfermedad de uno de los esposos impide la relación sexual por tiempo indefinido; o el caso especial de los que eligen la soltería por razones altruistas o de servicio a Dios (celibato o virginidad consagrada o por el Reino de los cielos). Todos estos casos son reales y algunos muy frecuentes. Una vez más los hechos desmienten las opiniones contrarias. Sí se puede vivir en continencia sexual, incluso en virginidad perpetua. Es un hecho que merece un tratamiento aparte. Lo haremos la semana que viene.

Publicado el 29 de agosto de 2003.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]