¿También vosotros
queréis marcharos?
P. Santiago Martín
"Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron
atrás y no volvieron a ir con Él. Entonces Jesús les dijo a los doce:
¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a
quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos.
Y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios". (Jn 6,66-70)
La pregunta dolorida de Jesús a sus apóstoles al ver
que la gente que le seguía se había ido yendo cuando Él dejó de ser un
negocio para ellos, nos la hace cada día a cada uno de nosotros: “¿También
tú quieres marcharte, como han hecho tus amigos, como han hecho ya la
mayoría de los que viven a tu alrededor? ¿también tú me dejarás cuando las
cosas se pongan feas y corras riesgos por estar a mi lado? ¿también tú te
irás cuando ya no puedas sacar nada de mí o cuando no entiendas algunos de
mis planes?”.
Ante estas preguntas, no basta con una respuesta fácil
ni retórica. No es suficiente decirle sólo con la boca: “Señor, aunque
todos te abandonen yo no lo haré”, como dijo Pedro la noche del Jueves
Santo poco antes de negarle tres veces y oír cantar el gallo. Tampoco
basta con tratar de contentarle diciéndole que ya vamos a la misa
dominical o que damos alguna limosna. Tenemos que asegurarle, con toda la
sinceridad de que sea capaz nuestro frágil corazón, que queremos estar a
su lado en lo bueno y en lo malo, con hacen los verdaderos amigos. Tenemos
que asegurárselo no sólo con palabras, sino con obras. Con obras que, por
amor a Él, estamos ya haciendo y vamos a seguir haciendo, aunque no
tuviéramos más recompensan que proporcionarle a Él un poco de alegría.
Publicado el 29 de agosto de 2003.
|