Sectas y
desorientación
El auge de estas sectas ha sumido a la población en el
terrible caos de la desorientación religiosa y cultura.
Hace aproximadamente diez años la Iglesia católica
boliviana formuló una grave acusación contra los distintos gobiernos de
ese país: se les achacaba la responsabilidad sobre la proliferación de más
de quinientas sectas religiosas en Bolivia, una nación terriblemente
castigada por la pobreza y la marginación, principalmente en el mundo del
campesinado. Precisamente el auge de estas denominaciones religiosas se
debe a la pobreza de los ciudadanos y a “la ignorancia de grandes sectores
de la población”.
El auge de estas sectas ha sumido a la población en el
terrible caos de la desorientación religiosa y cultural, y esto, a juicio
de monseñor Luis Sáenz, arzobispo de La Paz, atenta contra la
idiosincrasia de los bolivianos y pone en peligro la estabilidad nacional:
“Estos grupos están dividiendo a la familia, desorientación a la juventud,
no respetan nuestra propia cultura y por tanto alguien tiene que hacer
algo”.
Para el eclesiástico, la “responsabilidad de hacer
algo” compete al Gobierno, al poder ejecutivo, ya que “es el Gobierno
quien ha admitido a estas instituciones otorgándoles personería jurídica,
y, por tanto, debe ser el propio Gobierno el que debe reglamentar su
acción”.
No se trata, como pudiera pensarse, de una
discriminación religiosa. El ecumenismo es una de las tesis más aupadas
por la Iglesia católica a raíz del Concilio Vaticano II. Pero precisamente
el trabajo de estas sectas consiste en disgregar más que en unir, en
fanatizar más que en racionalizar la fe, en separar del camino salvador
más que en encauzar los pasos hacia él. SI lo que la Iglesia católica
pretende con este esfuerzo de la nueva evangelización es inculcar
evangélicamente, el afán de las sectas es crear el caos: “Es imposible
seguir viviendo en este caos de desorientación religiosa y cultural”,
insiste el prelado.
Además del trasfondo político de estas sectas, las
cuales pretenden normalizar la vida de las sociedades subdesarrolladas
según los patrones más conservadores de la opulenta sociedad del Norte,
existe también una manipulación económica, individualista: ofrecen primero
prebendas (becas, facilidades de estudio, ayuda material de diferente
tipo) para luego cobrárselo según mandato de conciencia, una vez que los
adherentes han sido rebautizados: obligar a los seguidores a recolectar
diezmos en beneficio de la organización.
Monseñor Sáenz enfatizó en su momento que “la creciente
presencia de las sectas va en contra de la identidad de los ciudadanos,
así como de las costumbres de los bolivianos”.
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