Tertulias de Adall y
cómo aprovechar el tiempo libre
Javier Arnal
Son personas que se creen, a fondo, el dinamismo
creativo de las personas y de la sociedad, sin esperar a que otros opinen
por ellos.
Alegra comprobar que existen personas, grupos, en
nuestro entorno más próximo, que tienen capacidad para desarrollar una
intensa vida cultural, en el más amplio sentido de la palabra “cultura”,
sin más apoyos económicos que los de cada uno de sus componentes y sin
ninguna limitación por sus ideas, edad, trabajo o procedencia.
No son muchos, la verdad, pero son esos núcleos reales
que invitan al optimismo, porque son el resultado de concebir el tiempo
libre como una ocasión de enriquecimiento cultural, convivencia y
diversión. Son hasta capaces de superar una concepción de la cultura que
la asimila al aburrimiento o a un mero toque moderno que disimule la
mediocridad y la falta de capacidad crítica.
Son personas que se creen, a fondo, el dinamismo
creativo de las personas y de la sociedad, sin esperar a que otros opinen
por ellos. Son personas que encarnan el protagonismo activo de la
sociedad, frente a estatalismos trasnochados, dirigismos culturales o
mecánicas institucionales. Se creen que pueden y deben tener vida propia :
la propia personalidad se la fragua uno mismo y, a poco que se sea
inteligente, con ayuda de personas que nos aportan ingenio, luces,
sosiego, pluralidad. Renuncian al gregarismo.
Estas consideraciones se me agolpan tras haber sido
invitado por la Asociación cultural Adall (Amigos de las Actividades
Libres), de Castellón, a dirigir una charla-coloquio el martes 2 de
septiembre, sobre los medios de comunicación. Las tertulias son el eje de
las actividades de esta asociación. No necesitan sede propia: un bar de la
ciudad es más que suficiente, y otras veces la finca de alguno de los
asistentes.
Cuando en muchos países estamos asimilando todavía la
vuelta al trabajo y a la normalidad, la “normalidad” de Adall son estas
tertulias semanales, con ponentes y temas muy variados, que acaban con
cena, cantantes o artistas que intervienen -por supuesto gratuitamente,
como todo en esta Asociación- y habiendo pasado unas horas inimaginables
para algunos.
Adall organiza, desde hace unos tres años -¡gran mérito
su constancia, pues muchas tertulias no pasan de la segunda
convocatoria!-, tertulias, viajes por la provincia de Castellón y por todo
el mundo, exposiciones, audiciones musicales, poesía, tiene su boletín, y
todo con un buen humor admirable. Demuestran que la soledad aburre, y que
la convivencia y las inquietudes culturales oxigenan y enaltecen a la
persona.
Si alguien piensa que es una tertulia elitista, se
equivoca. Si alguien piensa que es de una línea ideológica uniforme, se
equivoca. Si alguien piensa que los asistentes son de la tercera edad o
jóvenes universitarios, se equivoca. Si alguien piensa que acuden pocas
personas, cambiará de opinión cuando asista y esté con 50 ó 70 personas en
alguna de esas tertulias. Si alguien piensa que hay que retroceder a otras
épocas, se equivoca: está en Castellón. Que cunda el ejemplo. Con esta
apertura, variedad y constancia, no conozco muchas.
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