Pero ¡el Cholo era
mi amigo!
Horacio Bojorge
Les mando esta historia porque pone en forma de
ingeniosa narración un hecho cierto. Es humorística y verdadera. Yo pasé
un buen momento leyéndola y me admira el ingenio de su desconocido autor.
"Hace unos días me llamaron a casa para avisarme que el
Cholo, mi amigo de toda la vida, había muerto en un accidente de tránsito.
Lloré desconsoladamente pensando en los hermosos momentos que pasamos
juntos en nuestra niñez. Recordé los partidos de "picacordón" que
jugábamos de botijas, las primeras sinvergüenzadas adolescentes, los
miedos que compartimos al momento de declarar nuestro amor a la chica que
nos gustaba. Pensé en el esfuerzo con que ambos luchamos para sacar
adelante nuestros estudios, que con sacrificio pagaron nuestros padres; y
rememoré, más cerca en el tiempo, el casamiento de ambos. ¡Qué ilusiones
nos hicimos respecto al futuro de los hijos que pensábamos tener! Luego,
la prematura e inesperada muerte de mi esposa, el vacío, y el cariño con
que el Cholo y su señora me recibieron en su casa para que no estuviera
tan solo...
Cuando Marisa, la mujer del Cholo, reclamó ante la
justicia por el daño afectivo que le había causado la muerte del Cholo,
pensé que era lógico hacer lo mismo. Después de todo, yo lo conocí mucho
antes que Marisa. Éramos uña y carne y vivíamos en la misma casa,
compartiendo gastos y actividades en común. Y el conductor que en estado
de ebriedad le quitó la vida a mi amigo del alma, de algún modo debía
resarcir el daño. Pensé además, que con el dinero que me dieran, podría
ayudar a Marisa con la educación de los hijos del Cholo. Era lo menos que
podía hacer por mi amigo.
Fui al juzgado, me recibieron con gran amabilidad,
plantée mi caso, y me dijeron:
-Si, comprendemos su dolor, pero no podemos hacer nada.
La ley no prevé circunstancias en las cuales se puedan resarcir los daños
por la muerte de un amigo.
- ¿Cómo? ¿Pero acaso hace poco no salió una sentencia
por la cual se le resarció el daño a la pareja de un homosexual que murió
como consecuencia de una mala praxis médica?
- Ah, bueno, pero ¿Ud. tenía una relación homosexual
con su amigo?
- ¿Está loco? ¡El Cholo era como un hermano para mi! El
adoraba a Marisa, una mujer santa que le dio cinco hermosos hijos.
- Entonces no había una "relación" propiamente dicha...
- ¿Cómo que no? ¡Claro que la había! ¡El Cholo era mi
amigo, mi mejor amigo!
- Sí, pero el caso sobre el que se pronunció la
justicia contempla las situaciones de amistad en las que además, haya una
relación homosexual...
- No lo puedo creer...
- Así es, el fallo fue afirmativo porque la pareja del
muerto mantenía con él una relación de concubinato, no una simple amistad.
- ¡¿Simple amistad?! Ud., caballero, parece que no sabe
lo que es la amistad. Al menos no sabe lo buenos amigos que eramos el
Cholo y yo... Dígame, ¿cuántos años hace que estaban juntos los de la
sentencia que me cita?
- Y... unos 2 años, más o menos.
- ¿Se da cuenta? Yo tengo 45 años ¡y al Cholo lo
conozco desde que tenía 5! ¡Hace 40 años que lo conocía!
- Si, pero no había entre Uds. contacto sexual...
- ¡Naturalmente que no! ¿Pero...? ¡Es increíble! No
puedo creer lo que estoy escuchando... Bueno, entonces ¿no se puede hacer
nada?
- Lo lamento, mi amigo, pero no. La ley es muy clara al
respecto.
- No me llame amigo. Esa palabra, solo se la resevo
para el Cholo. Dígame ¿dónde puedo hacer una denuncia por discriminación?
- Pero... ¿no me dijo que Ud. no es homosexual?
- Sí..., digo no. Le dije que no soy homosexual; ¿por
qué?
- Porque aquí los únicos que pueden hacer denuncias por
discriminación son los homosexuales. La nueva ley no dice nada sobre la
discriminación hacia los heterosexuales."
Esta historia es ficticia. Cualquier parecido con la
realidad, es pura coincidencia.
Tomado de Vivir en Familia
www.vivirenfamilia.feyrazon.org
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