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El milagro de la beata Teresa de Calcuta

Jaime Septién

A los 25 años de su pontificado, con la salud precaria, Juan Pablo II quiere dejar constancia, con su estimada Madre Teresa, que la salvación del mundo pasa por acoger a Cristo en los pobres y en los niños, víctimas de la corrupción de la humanidad «civilizada».

Uno mi voz al coro de la Iglesia que, regocijado, da gracias a Dios por la beatificación de la madre Teresa. El milagro que la lleva a las alturas es el milagro del amor.

Hay mil testimonios sobre esta pequeñita monja albanesa de nacimiento, india de nacionalidad, católica de corazón y, por tanto, perteneciente a la humanidad completa. No voy aquí a agregar citas. Solamente diré que su beatificación y muy próxima canonización era el gran signo que esperaba nuestro tiempo para la conversión de los corazones.

Por ello la urgencia del Papa. A los 25 años de su pontificado, con la salud precaria, Juan Pablo II quiere dejar constancia, con su estimada Madre Teresa, que la salvación del mundo pasa por acoger a Cristo en los pobres y en los niños, víctimas de la corrupción de la humanidad «civilizada».

La madre Teresa le decía a Clinton: «no mate a los niños (por el aborto); si no los quiere, regálemelos». También le dijo a un periodista (impresionado por el beso de la madre Teresa a un leproso, le había confesado que él no haría tal cosa ni por un millón de dólares): «yo tampoco». Exacto: sólo por amor a Jesús.

He ahí el camino. Juntos el del amor total de santa Teresa de Jesús y el de la entrega apasionada de Santa Teresita del Niño Jesús. Tres Teresas colosales. La primera, la de Ávila, la que necesitaba el mundo frente a la Reforma. La segunda, la de Lisieux, la que necesitaba el mundo frente al racionalismo indiferente. La tercera, la de Calcuta, la que necesita el mundo de hoy, egoísta, asqueado del otro, mareado de desamor.

¡Qué grande es el nombre de Jesús en la entraña de la santidad! ¡Qué alejados de la huella mínima de la última de las tres Teresas colosales; de la que este domingo 19 de octubre el Papa lleva de la mano a los altares de la Iglesia: Doctora del dolor; de la fe expresada en obras; de la cultura católica: ¡Madre Teresa de los olvidados del mundo!

 
 

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