Imprimir

Lima, capital del milagro

José Antonio Benito

Los que vivimos en Lima podemos decir con Jesús en el Evangelio: “Venid y lo veréis”. El paso del Señor de los Milagros avanza incontenible, se hace arrollador, con el paso del tiempo.

Lo acaba de recordar el domingo 5 de octubre, el Cardenal de Lima, Monseñor Juan Luis Cipriani, con motivo de la clausura del Año del Rosario y en el adelantado homenaje al Papa por sus 25 años de pontificado, al resaltar la fuerza del Señor de los Milagros en la historia y en el presente. La razón es bien sencilla: El Señor, a lo largo de 6 generaciones, desde 1651 en que se manifestó en el Mural de Pachacamilla, ha hecho muchos milagros y hoy, en pleno siglo XXI, los sigue haciendo.

Nos lo confirma la priora actual del Monasterio de Carmelitas Descalzas Nazarenas, Madre Soledad de Nuestra Señora, quien confiesa que “siempre hay muchas conversiones y milagros también; son tantos los milagros que hace el Señor que no alcanzamos a anotarlos; cuenta una señora que vino a la Iglesia con el niño medio muerto, y el padre capellán, al oír que le decía una y otra vez: “Mi hijo se muere”, le increpó: “¿Qué me dice a mí? Dígale al Señor, vaya donde el Señor, Él lo puede resucitar; ¡Vaya!, no me lo diga a mí, ¡vaya!”. Y el niño se curó...Ése es uno, pero todos, todos tienen algún favor. Unos vendrán a pedir pero muchos vienen a dar gracias, de manera que el Señor está haciendo muchos milagros”. Como señala el historiador jesuita P. Rubén Vargas Ugarte, el primer milagro del Señor y signo claro de la bendición de lo Alto es la conservación de la imagen a lo largo del tiempo, superando terremotos, incendios, inclemencias del tiempo, desidias humanas. El segundo fue salir adelante a pesar de la voluntad manifiesta de las autoridades de borrar la imagen. Prodigiosa ha sido también la sucesión de mayordomos, algunos como Andrés León curados de forma sorprendente; otros, como Sebastián de Antuñano, imantados por la llamada imperiosa «Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto», puesto de rodillas ante la imagen, le ofreció un servicio incondicional hasta la muerte. La misma Capilla de exvotos es testigo fiel de los favores recibidos.

Los que vivimos en Lima podemos decir con Jesús en el Evangelio: “Venid y lo veréis”. El paso del Señor de los Milagros avanza incontenible, se hace arrollador, con el paso del tiempo. Se habla de la procesión más larga de América, de símbolo emblemático de la identidad peruana (¿podría figurar en el escudo del Perú), de expresión cultural afroperuana, cuaresma limeña, del gran misionero de Lima, aglutinante de los peruanos migrantes, la mayor fuente de trabajo para los informales de octubre, el principal estandarte religioso de los megaeventos católicos.

Este año, el Mes Morado estará enriquecido con una exposición pictórica inaugurada en el mes de agosto en el Meeting de Rímini. Se ofrecerá en la Casa Osambela, muy cerca de la Plaza de Armas, y quiere documentar el milagro de la historia sorprendente, del Cristo Morado, Señor de las Maravillas, Cristo de Pachacamilla, Señor de los Milagros.

El acontecimiento que se expone es una oferta de esperanza. Es una actualización de la encarnación: “Cristo plantó su tienda entre nosotros”, aquí nos dice un documento de 1671 “que habiéndose manifestado pintado en la pared de un muladar de esa ciudad una imagen de Cristo Crucificado, la mandó borrar por la indecencia del lugar el Conde de Castelar que fue mi Virrey de esas provincias” sin embargo ..” habiéndolo ido a ejecutar un indio quedó a la acción inmóvil a vista de mucha gente, oscureciéndose al mismo tiempo el cielo, siendo las cuatro de la tarde y lloviendo con grande exceso por cuyas demostraciones y otras que ha obrado esta Santa Imagen se intitula el Cristo de los Milagros y por esta causa se le dio culto y comenzó a fabricar una capilla”.

La muestra expresa la trayectoria cultural y vivencial del pueblo peruano (dentro y fuera de la patria) tras el acontecimiento originado en el ícono venerable del Señor de los Milagros por más de 350 años y que poéticamente se canta en su himno, obra de Isabel Rodríguez Larraín, nacida hace precisamente cien años y que lo compuso en 1954. Como contrapunto al desengañado novelista que escribe que “en octubre no hay milagros”, la exposición quiere documentar el “milagro” de un acontecimiento real, cotidiano, el de una de las devociones católicas más grandes del mundo, que año tras año renueva la fe y reanima el deseo de felicidad en millones de peruanos.

Su presencia misericordiosa se ofrece como respuesta contundente al interrogante que constituyó el lema del Meeting para la Amistad entre los pueblos 2003 “¿Quién es el hombre que ama la vida y desea ver días felices. En el Salmo 33 incita a este hijo suyo distraído y, en tiempos que también por entonces debían haber sido tristes, difíciles y luctuosos, lo llama”. El mensaje papal a los participantes recuerda “la necesidad de una sacudida en el hombre” para “recuperar la energía y el coraje de ponerse frente a Dios para responderla Áquí estoy´del Señor diciendo –aunque sea con un hilo de voz, eco de esa misma llamada- Áquí estoy, también yo estoy aquí”.

Fue el Cardenal de Lima, Juan Landázuri, quien identificó al Señor de los Milagros con “el sentido religioso del Perú”: “Siempre he considerado esa devoción como un regalo de Dios a Lima y al Perú. Año a año he acompañado al Señor, hasta que las fuerzas me lo han permitido...

La Doctora María Rostowrowski Díez Canseco en su libro Pachacámac y el Señor de los Milagros, (Lima 1992) destaca su inmenso poder de convocatoria y cómo “entre las apretadas filas de sus fieles todas las razas del Perú se hermanan y unen en una misma fe, en una misma oración...El Señor une en su culto a indios, negros y blancos. He ahí su verdadero milagro, la esencia de su fuerza y del respeto cada vez mayor que el pueblo le tributa".

En este nuevo milenio en que la globalización es una realidad impuesta en todo el planeta, urgen gestos, acontecimientos que aglutinen, vehículos de comunión. Ninguno tan fuerte en el Perú como el del Señor de los Milagros, tanto que –glosando el salmo 33, v.13- podríamos afirmar: ¿cuál es el pueblo que ama la vida y desea ver días felices? Aquél que como Perú peregrina tras el señor Jesús, Camino, Verdad y Vida.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]