ONG's sí, ONG's no
Carlos Díaz
ONG aberrantes
No todas las ONG son iguales. Las hay directamente
aberrantes: hacen beneficencia meramente asistencialista, carecen de
sentido analítico, ignoran la relación Norte-Sur, son la mano amable, la
mercromina que sirve de complemento al capitalismo dañino para los pobres,
que a su vez financia a las ONG; sirven para limpiar la mala conciencia de
sus socios, los cuales dan alguna parte pequeñísima como regalo con
autosatisfacción, aunque sólo sirve de parcheo. Bien está que den, pero
ignoran las causas de fondo del problema. Por lo general ofrecen una
imagen lastimosa del Sur, no muestran su potencia y posibilidades, no ven
que son países empobrecidos, sólo ven que son pobres. Sus ayudas favorecen
más el protagonismo de los donantes que de los receptores, no potencian la
independencia y creatividad del receptor, que sirve para el
establecimiento de redes militares y bases económicas, comerciales y
financieras de aquellos que aparentemente están ayudando, sirviendo así
sutil o descaradamente de caballo de Troya del imperialismo. Sus ayudas
son sectoriales y no básicas, y producen efectos yatrogénicos, pues lo que
curan por un lado lo infectan por otro. Están muy burocratizadas y
dependen de quien les paga, y a pesar de todo se creen héroes del Imperio.
No trabajan para que no haya pobres, trabajan con los pobres, y están tan
orgullosos de hacerlo, necesitan los pobres para seguir sacando pecho.
Resulta difícil obtener voluntariados críticos cuando la sociedad es
acrítica porque no necesita examinar las cosas en profundidad.
ONG interesantes
Pero, aun manteniendo nuestra crítica hacia ellas,
debemos reconocer con alegría que tienen efectos benéficos y que, siendo
realistas, constituyen hoy la única posibilidad de reclutamiento y
afiliación y de conexión y de alegría con gentes de buena voluntad. Por
eso: tienen conciencia de las causas estructurales que producen el
empobrecimiento del Sur, intentan conectar sus proyectos con acciones que
corrijan el desorden infraestructural, dedican esfuerzos a la educación
para el desarrollo de los recipiendarios, no haciéndoles esclavos y
siervos en la ayudita, sino que a la vez les ayudan a despertar su
autoconciencia crítica y cuentan con ellos como agentes de su
autopromoción, tienen contrapartes en el Sur, o sea, hermanamientos en
plano de igualdad, cuyas necesidades y demandas sirven sin paternalismo.
Alertan sobre el origen de esa ayuda, presentándola como mera compensación
de un expolio previamente cometido por los ahora cooperantes, no se
presentan como perdonadores de la deuda ajena, sino como ladrones de un
robo anterior que ha propiciado la deuda del deudor, al que se pide perdón
por ello. Tienden a la internacionalización de verdad sin fronteras,
internacionalizando la resistencia. Y eso se tiene que notar en trasvase
de sueldos, etc, por parte de los propios cooperantes. En este sentido las
ONG son interesantes no sólo por lo que se ayuda allí, sino por lo que se
aprende de allí.
Con cuidado
Dicho todo lo cual, hay que tener cuidado con las
críticas a la militancia en el día de hoy para evitar al menos entrar como
un elefante en una caharrería. Aunque seamos más ricos, no parecemos más
felices, y hay que tener en cuenta la situación personal de cada cual, la
limitación: mis circunstancias personales: tengo que cuidar a mi padre
enfermo, mi marido no me deja, trabajo todo el día, soy ciclotímico y un
día me como el mundo y otro nada, yo nunca lo veo claro, etc. Todos
tenemos esos demonios, más o menos. Y la comunidad debe sajar esa pus,
ayudar a exorcizar esos demonios, hasta donde se pueda. Por no hacerlo de
este modo, mucha gente de comunidades miente sobre sí mismo, y así se
autoengaña y degrada y desalienta el esfuerzo común. Esa mentira básica
daña mortalmente al colectivo: gente que dice y no hace, que queda y
desqueda, etc, sin asumir tareas modestas, pequeñas, monótonas, que son la
base de las grandes gestas. Vivimos de esta mentira básica, aunque seamos
capaces de grandes discursos. Para lo nuestro particular somos cuidadosos,
pero descuidamos la gestión objetiva de la militancia. Esto abunda mucho.
La militancia no cabe sin esta pequeña exigencia
terapéutica y comunitaria que ayude a curar o a entender los mecanismos de
la mentira en los grupos. Feliz grupo aquel que, sin compulsión ni
traumatismo, logra que cada cual reconozca que es como es, y ello permita
el avance y no la deserción que tira la toalla. Así las cosas, el grupo no
debería permitir la presencia allí de estas gentes. Eso no quiere decir
que no se les quiera, pero no allí. Y eso, en beneficio de todos; de
ellos, porque la mentira les destruye a ellos; de todos, porque también
termina destruyendo al grupo mismo. Habrá que tener mucho tacto, decirlo
sin molestar, pero es muy difícil porque esta gente siempre se siente muy
herida, necesaria reacción del yo hipersensible irritado que de esta
manera se blinda llenándose de engañosa autojustificación.
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