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Soldados de Cristo

Rodrigo Javier Buston Muñoz

Los católicos estamos en constante batalla contra el pecado y debemos ser también católicos de acción.

Cuando recibimos el sacramento de la Confirmación, aparte de reafirmar el Bautismo y de recibir los dones del Espíritu Santo, pasamos a ser soldados de Cristo.

Esto quiere decir que tenemos la misión de apostolado y defensa de nuestra fe para toda la vida. Los católicos estamos en constante batalla contra el pecado y debemos ser de acción, tanto en la caridad, voluntad, doctrina, etc. Además debemos ser congruentes en lo que decimos y hacemos. Un católico debe ser alegre, esperanzado y entusiasta.

Un soldado que combatió directamente contra el demonio fue San Miguel Arcángel, en donde el mismo nombre de Miguel, es para darle honor a Nuestro Señor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad, pues significa “quien como Dios”.

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son San Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y lo llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este Arcángel manifestó cuando se revelaron los ángeles. San Miguel mostró su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios, gran parte de la corte celestial se mantuvo en obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles, quienes se unieron a su grito de nobleza: “¡quien como Dios!”. Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen.

Oración

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Se nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas Amén”

¡San Miguel Arcángel!

Ruega por nosotros

 
 

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