La fiabilidad de los
políticos
Víctor Corcoba Herrero
Sus promesas generan desconfianza. Acostumbran a
subirse los sueldos antes que al pueblo.
Pierden la palabra porque no tienen palabra. Sus
promesas generan desconfianza porque sus realidades son cortas, en cuanto
a talante y talento. Acostumbran a subirse los sueldos antes que al pueblo
soberano, del que por cierto, olvidan que emanan los poderes del Estado.
Los ciudadanos suelen ya estar un poco cansados de tantos dimes y diretes,
de tantos cortes y cartas marcadas, sobre todo aquellos que no perciben el
progreso social y económico en sus bolsillos. Quieren verdad y no sueños,
que no les vendan ficciones para comprar votos. La política es algo muy
serio, no un serial de bocazas. Lo de redistribuir la renta de forma más
equitativa, empezando por sus honorarios, es un amor imposible. Bajo este
desolador panorama, tan real como vivo, la fiabilidad política está bajo
mínimos. Como nunca lo ha estado.
Por consiguiente, hemos de poner remedio. No se trata
de vender nada, sino de donarse, de servir a los valores auténticos para
que se cumplan a pie de letra. Que las letras muertas no sirven. En un
mundo de injusticias y desigualdades no es posible el sosiego. No se puede
transmitir una imagen sincera, por mucho gabinete que tenga el político de
turno, sino transmite valores sustanciales de protección y seguridad, de
derechos y deberes, de libertades y justicia. Hay que estar siempre
dispuesto, en política, a lanzar puentes de consenso, a la escucha de
todas las opciones. También las minorías merecen ser oídas. Voy más allá:
cualquier ciudadano por el hecho de serlo.
Lo importante no es ir a remolque los unos de los
otros, sino cada cual, o sea cada partido político, debiera seguir su
propia agenda de actuaciones, dentro del respeto a otras opciones. O
séase, transmitir sin manipular. Desde la honestidad y la transparencia.
El pueblo debe sentirse comprendido y tutelado en sus bienes y derechos.
¡La lucha por la dignidad es siempre una lucha por la persona! . Un niño
sin familia, un joven sin trabajo, una mujer maltratada, un minusválido
rechazado, personas ancianas desatendidas, por poner algunos ejemplos,
germinan desesperación y mal rollo. Y es cierto, no puede haber ningún
niño sin familia, puesto que los padres deben prestar asistencia de todo
orden, tanto a los hijos habidos dentro como los de fuera del matrimonio,
al igual que tampoco ningún joven sin trabajo, sí es derecho y deber, como
asimismo a no ser nadie sometido a tortura, a tratos inhumanos o
degradantes. El rechazo y abandono deben estar suplidos con políticas que
garanticen la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante
situaciones de verdadera necesidad.
Las buenas intenciones, en política, no valen. Es
necesario hacer realidades para ganarse la total confianza de que tenemos
unos políticos dispuestos a servirnos en la salvaguardia de los derechos.
Un servicio que conlleva un alto compromiso ejemplarizante, tanto en el
desarrollo del propio deber, como en la moralidad para llevarlo a cabo,
desde una incondicional entrega y gestión desinteresada. Sin embargo los
hechos son muy distintos. Y al respecto, existen diversos informes y
estudios que nos dan la razón. Personas que deciden hacerse políticos para
toda la vida y como medio de vida. Habría que poner fecha de caducidad.
Oiga, que lo de servir, agota cuando se da todo, al cien por cien. Pero,
claro, engancha lo del pelotazo, lo de ganar dinero fácil, si apenas
esfuerzo alguno. Qué casualidad. Los millonarios suelen ser un club muy
ligado a la política y al sector del ladrillo. ¿Cómo se puede convencer
así, siendo tan incapaces de regular la utilización del suelo de acuerdo
con el interés general para impedir la especulación?.
En política no se puede entrar para especular, sino
para emplearse a fondo en el pleno empleo, para que todo el mundo progrese
a través del trabajo y de una remuneración suficiente para sacar adelante
a su familia. En parte, los jóvenes de hoy, permanecen con sus padres
porque no tienen medios económicos suficientes para hacer frente a tantos
gastos crediticios, sobre todo el del pago a promotores y constructores.
Lo de tener casa propia es cada día más peliagudo. Sin embargo, cuando
todas las previsiones auguran una desaceleración en el ritmo de
construcción, las cifras dicen que el sector sigue creciendo, pese a que
la población está prácticamente estancada. Somos el país de la Unión
Europea que más cemento consume. “Producimos tantas viviendas como Estados
Unidos”, dice un prestigioso analista; y, entonces, ¿por qué siguen
creciendo los precios a pesar de esta desmesura? Alguien se está poniendo
las botas. Desde luego, los asalariados del trabajo, no. Más de medio
sueldo se les va en las hipotecas, que como crezcan sus intereses, la
riada de impagados será como un volcán en erupción.
Sólo desde la coherencia personal del político honesto,
se puede ganar la confianza. Bajo este punto de vista, un político, no
puede dejar de hacer constante referencia a aquellos principios sociales,
que son fundamento constitucional y líneas fundamentales a seguir, para un
mejor servicio hacia todo ser humano, sin distinción alguna, como
guardianes convencidos y activos de toda la pluralidad. Se gobierna para
todos. La política no se puede reducir a pura mediación de intereses o, lo
que es aún peor, a una cuestión de demagogia o de cálculos electorales
como, por desgracia, viene sucediendo.
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