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Tres ejemplos contemporáneos de solidaridad

Rosa Martha Abascal de Arton

Hay tres que santos que sobresalen por el número de fieles que se congregaron para su canonización por Juan Pablo II.

Haciendo un ecuento de los cientos de santos que Su Santidad Juan Pablo II ha elevado a los altares, hay tres que sobresalen por el número de fieles de todo el mundo que se congregaron en la ceremonia oficiada en Roma por el Sumo Pontífice. En los tres casos, la cifra rondó los 400 000 fieles.

1. Padre Pío de Pieltrecina: Capuchino, estigmatizado, con el poder de leer las almas de la gente que confesaba. Fundador de la Casa Sollievo Della Sofferenza (Casa alivio del Sufrimiento, gran hospital europeo)

a. Su visión del mundo: vivir para amar, servir y llevar a Dios solidarizándose con todos, en especial como dijo Juan Pablo II en su canonización, con el más necesitado.

b. A quien se dirigía: a la sociedad, a la comunidad, a quien busque a Dios

c. Su enseñanza principal: “El eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios, porque Dios es amor”.

“La prudencia tiene ojos, el amor piernas, el amor con piernas quiere correr a Dios pero su impulso es ciego y tropezaría, de no estar dirigido por la prudencia”. “En todo pobre está Jesús agonizante, en todo enfermo está Jesús sufriente, en todo enfermo pobre, está Jesús dos veces presente”

2. Monseñor José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei el 2 de octubre de 1928.

a. Su visión del mundo: todos podemos ser santos en el cumplimiento estricto de nuestro deber, no se requieren grandes hazañas, simplemente ser lo que debemos ser cada uno en su deber de estado, con humildad, obediencia, pureza, desprendimiento y magnanimidad.

b. A quien se dirige, a cualquier persona que busque a Dios en lo cotidiano.

c. Su enseñanza principal: Vivir en el mundo, siendo testigos de Cristo, trabajando con perfección, conforme a la ética y las leyes, en presencia de Dios y con el deseo de servir y contribuir al progreso social. El hombre debe vivir amando y dispuesto a morir por amor.

“¡Qué hermoso es desgastar la vida por Dios y por los demás!”.

3. Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las misioneras de la Caridad (1950), protectora de la vida desde el instante de la concepción hasta la muerte natural.

a. Su visión del mundo: el amor es el alimento del alma y el cuerpo de cualquier ser humano, por lo que quiso crear hogares para los pobres

b. A quien se dirige: a cualquier persona de buena voluntad

c. Su enseñanza principal: “el amor, para que sea verdadero, tiene que doler, así como Dios nos amó hasta la muerte”.

“El amor empieza en casa, y no es cuanto hacemos, sino cuanto amor ponemos en la acción que hacemos” “Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido” “Somos pequeños instrumentos, pero muchos pequeños instrumentos, en las manos de Dios, pueden hacer milagros”.

Juan Pablo II, al elevarlos a los altares, los ha puesto como modelo de vida para los cristianos y para los no cristianos también.

Los tres tienen características, cualidades, virtudes inmensas, que independientemente de la creencia, o religión, son valores universales:

1. Amor, entrega de uno mismo por el bien y la felicidad de los demás, aún con el sacrificio, el dolor y hasta la entrega de la propia vida, si hubiera necesidad.

2. Servicio, donación, generosidad, atención a las necesidades ajenas, antes que a las propias.

3. Solidaridad con el necesitado de cariño, de atención, de comprensión, de entendimiento, de convergencia, de apoyo físico o moral, de ayuda y soporte para ayudar a resolver cada problema como si se tratase de mi problema.

Son estas tres características comunes, las que han hecho de estos tres santos, modelos amados, dignos de imitarse, quererse, son modelos de vida que deben aterrizarse en la cotidianeidad personal, social y nacional.

Si tan solo procuráramos llevar a todos los planos de nuestra vida el amor, el servicio y la solidaridad, nuestra familia, sociedad y México, serían diferentes.

Si tuviéramos muchos Píos, José Marías y Teresas, el mundo sería un paraíso. Como decía la Madre Teresa: “Se bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano, pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo”.

 
 

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