Los peores ciegos
P. Santiago Martín
Si el caso de Bartimeo lo trasladamos a la ceguera
moral, tan frecuente hoy la gente se niega a reconocer que está ciega.
"El ciego soltó el manto, dio un salto y se acercó a
Jesús. Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó:
Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado. Y al
momento recobró la vista y lo seguía por el camino". (Mc 10, 46-52)
El ciego Bartimeo era un enfermo que sufría y quería
dejar de sufrir, quería recobrar la vista. Por eso se atrevió a molestar a
Jesús. Llegó incluso a enfadar, con su insistencia, a los que acompañaban
al Maestro. Bartimeo tenía, pues, tres características: Estaba ciego y lo
sabía, le dolía estarlo y quería curarse, y puso los medios para
conseguirlo.
Si el caso de Bartimeo lo trasladamos a la ceguera
moral, tan frecuente hoy, vemos que las características de aquel hombre no
se suelen dar ahora. En primer lugar, la gente se niega a reconocer que
está ciega, es decir que se niega a aceptar el criterio moral de la
Iglesia y prefiere decir que lo que le conviene es bueno aunque en
realidad sea malo. En segundo lugar, como no se quieren reconocer como
ciegos, no les duele y no buscan curarse. Por eso precisamente no se
curan. Se puede decir, por lo tanto, de muchos hombres y mujeres de
nuestra época que no hay peor ciego que el que no quiere ver, a lo que
habría que añadir que si no se quiere ver es porque no conviene ver .
Imitemos a Bartimeo. Reconozcamos nuestros pecados. No
nos importe que sean abundantes o reiterativos. La misericordia de Dios es
infinita y no hay culpa que no pueda ser perdonada. Dios está deseando
curarnos las veces que haga falta. Sólo espera que se lo pidamos.
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