Tres políticos
coherentes
José Ignacio Munilla Aguirre
Es un error que se haya pretendido un consenso en la
redacción de la ley. ¡Con la vida no se negocia!
La aprobación el 16 de Octubre en el Congreso de
Diputados de España del proyecto de ley de reforma de la Ley de
Reproducción Asistida de año 1988, se ha hecho por desgracia sin el
suficiente debate. Afortunadamente, ha habido tres diputados que han
encendido la voz de alarma en medio de la anestesia colectiva con la que
opinión pública ha recibido esta reforma, y han emitido su voto contrario
a la nueva ley, rompiendo la disciplina de voto en base a su objeción de
conciencia. Su postura valiente es un aldabonazo para sacudir nuestra
pereza a afrontar este tema. ¿Tres “quijotes” o tres “políticos
coherentes”?
La encíclica Evangelium Vitae recuerda que un
parlamentario católico puede votar a favor de una ley inmoral, con la
intención de restringir una ley más permisiva ya en vigor; en la
circunstancia de que sea imposible la derogación total del mal de partida.
¿Cabía interpretarlo así en el caso presente?
Por una parte, la reforma supone un cambio para mejor,
tal y como la nota de la Conferencia Episcopal española señaló el 28 de
Julio, ya que restringe a tres los embriones que pueden ser fecundados e
implantados en el seno de la mujer que se somete a la Fecundación In
Vitro, prohibiendo en adelante, de forma genérica, la congelación de
embriones. Así mismo, se prohíbe la “reducción embrionaria”, que es el
eufemismo con el que ocultaba la realidad del aborto selectivo. Es decir,
si una persona quedaba embarazada de trillizos, por poner un ejemplo, en
el transcurso de las técnicas artificiales de fecundación, podía elegir a
la carta con cuántos deseaba quedarse, y matar al resto. Ciertamente aquí
hay una mejora teórica en la ley; aunque hay que hacer la matización de
que la actual ley de aborto permitiría hacer una selección embrionaria si
la madre alegase el supuesto de peligro para su salud, bien fuese física o
psíquica. Con lo cual, en la práctica, por desgracia, mucho nos tememos
que continuará la atrocidad de la “selección embrionaria”.
Pero, sin embargo, aunque se prohíbe de forma genérica
la congelación de embriones, se abre la puerta diciendo que “en casos
especiales” se permitirá continuar congelando embriones. ¡Todos sabemos
qué significa esto! Si se deja una puerta entreabierta, la experiencia de
la aplicación de la ley del aborto en España nos dice que, la
excepcionalidad teórica se acaba convirtiendo en un coladero. De hecho,
las clínicas de FIVET han presionado fuertemente ante el ministerio,
consiguiendo que se abra el abanico de la excepcionalidad.
De poco ha de servir que la ley matice que se exigirá a
los progenitores cuyos embriones sean congelados a firmar un compromiso
futuro de implantación. Es imposible requerir en la práctica tal cosa. Una
vez que vean satisfecho su deseo de paternidad, ¿quién y cómo se les
obligará a transferirse todos los embriones que han quedado congelados?
Menos probable es todavía que otras parejas accedan a adoptar un embrión
ajeno; y, para más “INRI”, congelado.
Por lo tanto, entendemos que esta ley no ha cumplido el
objetivo que el punto sexto de la Nota de la Permanente de la Conferencia
Episcopal Española establecía: "Es necesario evitar que vuelva a
producirse una nueva acumulación de embriones congelados". El que se
mantenga en adelante abierta la puerta de la congelación de embriones,
cambia de raíz la valoración de la ley; ya que se continua generando el
problema al que esta ley quiere hacer frente, y que no es otro que el de
la acumulación de embriones congelados en España.
A esta objeción se añade otra muy seria: La Ley
aprobada concede a los progenitores de los embriones actualmente
congelados, el derecho a elegir entre implantárselos, dárselos a otras
parejas en adopción, descongelarlos y dejarlos morir sin más, o
descongelarlos y dedicarlos a la experimentación. Vaya por delante que
estamos ante una especie de “callejón sin salida”, como dijo en cardenal
Rouco, en el que cualquiera de esta soluciones posibles comporta
importantes problemas morales, de forma que la Iglesia Católica no ha
definido magisterialmente cuál sería la solución del mal menor.
Pero lo que está fuera de toda duda es lo que afirma el
punto 5º de la nota de la conferencia episcopal, en el sentido de que era
imprescindible que el texto de la ley aclarase si se está hablando de
matar a embriones para experimentar con ellos, o experimentar con
embriones que ya han muerto previamente. Es cierto que el texto aprobado
afirma que no se podrán “reanimar” los embriones que vayan a ser
utilizados para la experimentación. Pero eso no salva la posibilidad de
experimentar con embriones en proceso de descongelación, antes de su
muerte. De hecho, llama la atención que se haya rechazado la introducción
en el texto aprobado de una expresión equivalente a ”experimentar con
embriones cadáveres”.
En realidad, un gran problema de este ley de reforma es
que deja a merced de los "protocolos" que son elaborados a nivel del
Ministerio de Sanidad un nivel importantísimo de concreciones; de forma
que un hipotético cambio de gobierno en España, podría permitir un cambio
sustancial de las prácticas en las clínicas, sin necesidad de hacer cambio
alguno en la ley. Ya se sabe aquello de “tú escribe la ley, que yo
escribiré los reglamentos”.
Por todo ello, viendo en conjunto los pros y los
contras, el voto negativo de estos tres diputados españoles, es valiente,
coherente y profético. Es un error que se haya pretendido un consenso en
la redacción de la ley. ¡Con la vida no se negocia! ¿Por qué tiene el PP
tanto complejo en utilizar la mayoría absoluta en temas tan vitales?
Finalmente, el PSOE, PNV, CIU y demás partidos liberales, se han abstenido
y han acusando al PP de haber hecho una “ley de punto final” contra la
congelación de embriones. ¡¡Ojalá fuese cierto!! Lo malo es que el grifo
de la congelación de embriones humanos continua abierto, y eso conllevará
que dentro de unos años volvamos a quedarnos perplejos sin saber qué hacer
con su acumulación. Y para colmo, se ha abierto una puerta a la
experimentación con embriones, sin haber delimitado claramente la frontera
entre “dejar morir y matar”.
¡Lo coherente moralmente era votar en contra!
Felicidades a los tres diputados: Angel Pintado –diputado del PP por
Huesca-, Manuel Silva -diputado de CIU por Barcelona-, y José Eugenio
Azpiroz –diputado del PP por Guipúzcoa- (quien, muy a pesar suyo, no pudo
participar en la votación del Congreso por motivos familiares graves).
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