Carta de jóvenes a
Jesús (3)
Felipe Santos
¿Qué hacer?, me pregunto en estas duras horas de
soledad. Tan sólo me han dado unos meses de vida. No me lo puedo creer. Y
así me tienes, postrada en la cama. He pensado mucho en ti Jesús.
Hola Jesús
Señor, buenas noches. No sé si son buenas. Me han
diagnosticado esta mañana un cáncer. Mi familia está hundida. No se lo
quiere creer. Esta noche, sin poder conciliar el sueño, me dirijo a ti
como el salmista:” Estoy agotada de gemir, de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas”.
Me rebelo contra ti. ¿ Por qué has permitido que me
entre esta enfermedad tan temible? ¿ No eres tú el Dios de la vida y del
amor? ¿ Cómo es posible que me toque a mí, tan joven y con el mundo
abierto a la ilusión? ¿ Por qué mis padres lloran tanto y no encuentran
consuelo? Esta vez, Señor, me la has jugado bien.
Mi conciencia se ha oscurecido ante la sombra maldita
de este mal que corroe mi salud poco a poco. Me cuesta mucho salir de esta
situación. Me abruma la pena, el desconcierto. Ni siquiera mis padres
aceptan las palabras del doctor.
¿Qué hacer?, me pregunto en estas duras horas de
soledad. Tan sólo me han dado unos meses de vida. No me lo puedo creer. Y
así me tienes, postrada en la cama. He pensado mucho en ti. Demasiado. No
te entiendo. Pero al dirigirme a ti con las palabras de tu salmo, voy
entendiendo y aceptando que lo que vale realmente es la vida. Y ésta no
termina con mi enfermedad y muerte física.
Ahora más que nunca, Señor, entiendo tu muerte en la
cruz. Desde ella contemplo mi cuerpo agotado y unido al tuyo en la cruz.
Desde ella percibo en mi cuerpo débil que estoy llamada a estar contigo,
tras mis pocos años pasados aquí con mis padres, mi familia y mis muchas
amistades. Ahora, cuando la luz del sol ha abierto sus puertas a la
naturaleza, me doy cuenta de que si no acepto esta realidad de mi futura
muerte, todo será inútil. Y, sin embargo, sé que mis sufrimientos unidos a
los tuyos, servirán para la purificación de otros seres humanos que, con
el mismo mal, se debaten y se quedan obnubilados ante la desgracia que
azota sus propias carnes.
Yo, no obstante, Señor, tras esta noche pasada en
blanco, me siento, en este bello amanecer, más tranquila. Me he preguntado
durante estas horas el camino que debía elegir.¿ Desesperarme? ¿ Caer en
depresión?... He leído despacio algunos salmos. El 7 me ha impactado de
tal manera que he encontrado en él un consuelo y una paz que no esperaba.
“ Señor, mi refugio y mi escudo”.
En tus palabras he visto, no su significado externo,
sino el interno. Ahora que me encuentro sumida en una dificultad real y
grave, anhelo con toda mi alma que me des fuerzas para afrontarla. No
quiero otra cosa que ponerme en tus manos. Mi idea sería que me curaras,
pero en tus manos anhelo que sea tu voluntad la que se cumpla y no la mía.
Ya sabes que me gustaría ver mis cosas a mi modo. Sin embargo, deseo
aprender en este tiempo a verlas como tú las ves.
Pero ten en cuenta, Señor, que voy a luchar con todas
mis fuerzas y la ayuda de la ciencia para que mi mal, si es tu voluntad,
desaparezca de mi cuerpo joven, atenazado por el aguijón de la muerte
futura próxima.
Quiero agradecerte los años que me has concedido de
vida en este mundo. A ti, el primero, y después a todos cuantos han hecho
de mí una persona creyente. Esta fe me lanza a ver en mi cáncer una
manifestación del dolor que sufre el mundo. Un dolor que, unido al tuyo y
al de la toda la humanidad, hará que mi alma y mi persona entera se
purifiquen como el oro en el crisol.
No permitas, Señor, que mis seres queridos se
entristezcan. Mi vida , como la de todos los seres humanos, es un lento
morir a las realidades de este mundo físico para entrar en el celestial.
Ahora me doy cuenta de que todo afán y todo cuanto hacemos en esta vida
material debe tener como norte y fin el encuentro contigo, cuando tú lo
digas, cuando llegue tu hora.
Quisiera que mi último suspiro fuera decirte “ qué
admirable es tu nombre en toda la tierra”.
Con esta fe, esperanza y amor, mantenme alegre incluso
en el dolor y con mi “ hermano el cáncer.”
Gracias, Señor por leer esta carta desde mi cruz del
sufrimiento que me une a ti y a todos los sufrientes de esta humanidad.
Te quiere mucho, María del Mar, 20 años
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