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Beatificar a un periodista

J. Antonio Doménech Corral

A la hora de “encomendarse” a un santo patrono -que para eso están-, resulta también razonable que uno prefiera dirigirse a quien ha compartido estudios, profesión, estado, sinsabores y alegrías.

Los escritores católicos, entre los que se cuentan naturalmente los periodistas también católicos, tenemos desde el año 1923 a Francisco de Sales (1567-1622) como nuestro santo patrono, proclamado por el Papa Pío XI por dos extraordinarias virtudes de su admirable personalidad. Su fecundidad en escribir con fuerza y convicción -lo hacía con artículos de contenido moral y religioso en hojas que introducía por debajo de las puertas de las casas- cuando la prensa diaria no había aún surgido. Y también su respetuosa actitud para con todos que le merecieron los títulos de “el Santo Caballero” y “el Doctor de la Amabilidad”, al ser investido Doctor de la Iglesia por Pío IX en 1878. No obstante ser hombre de muy fuerte temperamento que le costó lo suyo dominar, haciendo valer su lema de “más moscas son atraídas a una cucharada de miel que a un barril de vinagre”.

Sin embargo, para buena parte de la profesión periodística se diría caído en el olvido. Al menos la pasada fecha de su festividad -24 de enero- pasó desapercibida para la mayoría de los medios escritos de comunicación. Y, en mi opinión, la causa está más allá del simple olvido.

Porque el valenciano obispo de Jaén, Monseñor García Aracil, abrió en 1994 en su diócesis el proceso de beatificación del periodista Manuel Lozano Garrido “Lolo” (1920-1971), hijo predilecto de Linares y el segundo de los declarados cien mejores jienenses de siglo XX. Un magnífico periodista de honda religiosidad que desarrolló su trabajo profesional en varios medios, fundando además una revista. Le llovieron los premios literarios sin buscarlos. Pero había enfermado de espondilitis y quedó paralítico, sujeto a una silla de ruedas 28 años; y luego ciego, teniendo que dictar sus artículos desde ese trono del dolor que nunca dejó traslucir. Dan testimonio sus 9 libros de espiritualidad: “Cartas con la señal de la Cruz”, “Dios habla todos los días” “Bienvenido, amor”... y cuantos le conocieron y trataron en aquel largo trance.

Hoy Manuel Lozano Garrido, periodista seglar, es ya siervo de Dios camino de los altares en expresión canónica. Y más de doscientos periodistas, con la creada Asociación de Amigos de “Lolo”, tienen solicitado a Juan Pablo II su pronta beatificación “para podernos encomendar a su intercesión”, según el escrito que le dirigieron en el pasado Año Santo 2000. Y es que hoy día priva la especialidad hasta en las categorías sobrenaturales. Porque San Francisco de Sales, Doctor en Derecho Canónico y Civil, un tiempo misionero y luego admirable obispo de Ginebra, ciertamente fue un gran y fecundo escritor de artículos, coloquios y cartas espirituales que le convencieron para organizar y reunir en varios libros con diferentes títulos que ocupan 30 volúmenes. Pero a la hora de “encomendarse” a un santo patrono -que para eso están-, resulta también razonable que uno prefiera dirigirse a quien ha compartido estudios, profesión, estado, sinsabores y alegrías.

Parece muy cercana la aprobación del milagro atribuido a la intercesión de Manuel Lozano. La curación de un niño a punto de morir. Y cuando esto suceda y sea elevado a los altares beatificado, nos alegraríamos también de que “Lolo” llegara a compartir el patronazgo de los escritures católicos junto con San Francisco de Sales.

 
 

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