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Cuidar lo pequeño

Carlos Díaz

El primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo, la humildad. El tercero, la humildad.

Quien tiene en ruina la propia casa...

Observa el árbol: para crecer hacia arriba, crece primero hacia abajo. El árbol echa primero raíces en el suelo, luego eleva las ramas al cielo. Si te preocupa que el árbol de tu vida tenga las ramas podridas, no pierdas el tiempo; cuida bien de la raíz, y no tendrás que andarte por las ramas.

¿Hay algo más tuyo que tú mismo? Y, sin embargo, si descuidando tu interior te dejas llevar por lo que está fuera de ti, ¿qué te ocurre?: que te vas convirtiendo sin darte cuenta en cuidador de los puercos de tus propias vanidades.

Así como quien tiene en ruina la propia casa se aleja de ella para no ser víctima de su posible derrumbamiento, así también quien se ve perseguido en su interior por una mala conciencia tiene miedo de sí mismo y se aleja de sí, porque no encuentra dentro la paz, y finalmente pasa la vida huyendo de sí mismo. Y, cuanto más huimos, tanto más nos persigue la voz de la verdad gritando y gritando para que nos detengamos. «Un día -dice un escrito tibetano- ví algo que se movía a lo lejos. Creí que era un animal. Me acerqué y me di cuenta de que era un hombre. Se acercó él entonces y vi que era mi hermano».

¿De qué están hechos los ríos que se desbordan e inundan los campos, sino de pequeñas gotas de agua? Una pequeña filtración no reparada a tiempo provoca, a la larga, el hundimiento del barco.

La nieve recién caída se derrite con facilidad. Pero, si se libra de la acción del sol, se endurece. Y, si se acumula año tras año resistiendo los cambios del clima, se convierte en un glaciar, en una gran roca de hielo. Algo parecido ocurre con nuestros pequeñosa fallos. Fáciles de eliminar al principio, se van acumulando y endureciendo poco a poco y, cuando escapan por mucho tiempo a la acción correctora, se hacen casi incorregibles.

Un león puede matar a un hombre de una sola dentellada; una avispa, no. Pero si un ser humano tiene la desgracia de caer en un avispero, ¿no es cierto que a la larga va también a morir a causa de las miles de picaduras de las pequeñas y frágiles avispas?

La naturaleza nos ha dado una sola boca y dos orejas para que al menos escuchemos el doble de lo que hablamos. ¿Por qué nos agrada tanto hablar y tan poco escuchar? Escuchemos primero al que habla dentro de nosotros, y hablemos después a los que están fuera.

El primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo, la humildad. El tercero, la humildad. Naturalmente, eso no significa que la humildad sea la única virtud necesaria. Pero, si las demás virtudes no van precedidas, acompañadas y seguidas por la humildad, la soberbia se abrirá paso entre ellas y, más pronto o más tarde, acabará destruyéndola.

El que sabe mucho piensa que lo que dice no puede ser ignorado por los demás, mientras que quien no sabe nada cree enseñar a los demás lo que acaba de aprender él mismo.

Detrás de un vanidoso y un jactancioso hay una persona que no sabe aceptarse a sí misma, sin autoestima. La persona vanidosa es probablemente la que más sufre, porque es la que menos se aprecia y más necesitada está de ser el centro de atención. Si además es inteligente y se da cuenta pero no puede evitarlo, tendrá gran sufrimiento.

La modestia y la sencillez son la sencillez es la antítesis de la vanidad, de la jactancia, o de la presunción, vicios propios de quienes no se valoran a sí mismos esperando que los otros les den aquello de lo que ellos carecen: vana empresa, pues si yo soy un balón ponchado, por mucho que me estén soplando desde afuera, el aire se me seguirá escapando.

 
 

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