Descristianización
galopante
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
Hay signos preocupantes de la imparable y progresiva
descristianización de la sociedad española.
Sin alarmismos innecesarios y sólo desde mi condición
de cristiano y español de a pié, quiero lanzar un grito de alerta, por lo
que, de no poner pronto y eficaz remedio, se nos viene encima al
catolicismo español.
Los sociólogos, los pastores de la Iglesia y algunos
políticos y profesionales de la información, vienen detectando, desde hace
algún tiempo, signos preocupantes de la imparable y progresiva
descristianización de la sociedad española.
Mientras la ocupación y preocupación primordial de la
gente y clase política en general, gira sobre la economía, el paro, la
seguridad ciudadana, la emigración, los nacionalismos etc...;apenas casi
nadie repara ni levanta su voz, para denunciar la degradación moral, los
ataques a la familia, la carencia de valores éticos, trascendentes y
religiosos sobre todo en los jóvenes y el absentismo y descenso de la
práctica religiosa en el pueblo llano.
En modo alguno parece exagerado afirmar que España es
hoy, quizás más que nunca, un país de misión. Poco a poco la idea de Dios
se va difuminando; algunas leyes vigentes contradicen sus mandamientos;
éstos son pisoteados, privada y públicamente; el Magisterio de la Iglesia
preterido o arrinconado; el materialismo, paganismo, increencia e
indiferencia religiosas van en aumento por todas partes...
¿Se piensa, responsablemente, hacia dónde caminamos por
estos derroteros?. ¿Hay alguien, como los antiguos profetas, que avise de
las consecuencias desastrosas que vamos a sufrir personal y colectivamente
al perder el rumbo y sentido trascendente de la vida?.
Estoy seguro que la masonería, los que mueven los hilos
de la política, de la economía y de la información y medios de
comunicación nacionales e internacionales, sí que saben bien hacia donde
se camina al dar la espalda a Dios.
Nos entretienen con las grandes palabras, la
presentación de abundantes ídolos del lujo, del bienestar material, del
culto al cuerpo, de la política mediática, de las ilusiones del placer
efímero, del progreso indefinido y de la felicidad plena al alcance de la
mano...
Yo espero que todavía estemos a tiempo de corregir el
rumbo que llevamos, de tomar conciencia personal y colectiva de nuestro
paso por la vida y de que las inteligencias más lúcidas y responsables de
la sociedad y de la Iglesia católica españolas, sin miedos ni dilaciones,
lideren ,con la ayuda de Dios, los caminos a seguir en nuestra España.
El futuro feliz o desgraciado está aún en nuestras
manos. No hay tiempo que perder.
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