Mundo L
El tema de los gays y ahora, más recientemente de las
lesbianas, ha ocupado las noticias de los diarios casi todos los días en
los últimos meses...
Leo en CNN digital que Jennifer Beals, la estrella de
la antigua Flashdance (por cierto, película bien malilla...) protagonizará
“The L World”, una nueva serie de esas de mucho éxito en los Estados
Unidos, al estilo de las premiadas “Friends”, “Buffy” y “Sex & the City”.
Nada nuevo si no fuera por un detalle: la “L” que aparece en el nombre de
la serie americana es la inicial de lo que no se pone en el título pero se
aclara en el guión, “L” de “Lesbian”. El canal de cable Showtime avisa que
la serie debutará en la pantalla a inicios del 2004 y que tendrá como
protagonistas “a un atractivo grupo de lesbianas de Los Angeles”.
Ya sé que corro el riesgo de que me griten en la fila
del supermercado o en el aeropuerto y que me tilden de homófoba y
políticamente incorrecta (¿quién iba a decir que así sería el siglo XXI?).
Aunque actualmente somos homófobos todos los que, aun respetando la
persona de los homosexuales y lesbianas, no estamos de acuerdo con su
conducta y por lo mismo no defendemos su supuesto “derecho” a la adopción
o sencillamente cambiamos de canal cuando estas series salen en la tele.
De antemano agito la bandera de la paz (la blanca de
siempre y no la del arco iris que se vende ahora como pan caliente y que
no solo pide la paz, como la emblemática bandera blanca, sino que nos
recuerda el símbolo que han escogido los gays) para que conste que no
tengo intención ni ganas de atacar a nadie pero es obvio que casi
cualquier comportamiento se hace normal si se satura al público: el tema
de los gays y ahora, más recientemente de las lesbianas, ha ocupado las
noticias de los diarios casi todos los días en los últimos meses. Yéndonos
más atrás, podemos constatar que en los últimos diez años se han ido
introduciendo más personajes y temas gays en los programas de televisión y
en las películas. ¿Exagero? Abundan los ejemplos.
Haciendo memoria uno se acuerda del revuelo provocado
por la comediante Ellen Degeneris en 1997 cuando hizo público su
lesbianismo en el programa (su personaje, que también se llamaba Ellen se
declaró lesbiana) y en la vida real. Todo salió a la luz en la cuarta
temporada de la serie, cuando ya era un producto de éxito de la ABC y el
asunto creó una controversia mediática muy fuerte. Fueron 42 millones de
audiencia para el episodio de la revelación. A partir de entonces, la
expresión “salir del armario”, empezó a circular en los medios con
frecuencia...
En la quinta temporada, Ellen vive ya su lesbianismo
con una soltura inusual hasta entonces en una pantalla de televisión. El
13 de mayo de 1998, se emite el último episodio de la serie, cancelada por
el canal que, lógicamente, después fue acusado de “homófobo” por la actriz
y por la prensa.
Pero la cosa no quedó ahí. Pisando las mismas huellas y
aprovechando el éxito de Ellen, Fox estrenaba en 1997 la serie Ally McBeal
que se convierte en el gran triunfo de la cadena en términos de audiencia.
Ally, (Calista Flockhart) es una abogada soltera de 30 años, “que busca el
amor y sentirse llena en la vida”, según el guión original. La serie dice
querer transmitir la nueva imagen de la mujer: Ally es la que “dejó la
imagen de la mujer que, a medida que se acerca a los treinta años, está
buscando a un hombre para hacerle su marido y padre de sus hijos.” Pero no
ha pasado desapercibido el episodio en que el deseo de ser madre
atormentaba a nuestra abogada: se le aparecía (y sólo a ella, como si
soñara despierta) un bebé imaginario, que volaba de un lado a otro,
haciendo una burla de su instinto maternal reprimido. En esa carrera por
encontrar el éxito profesional y la realización personal que son el ideal
de la protagonista (¿no pueden ser en el matrimonio, la familia y la
maternidad?) a partir de uno de los capítulos en que la personaje
principal aparece asistiendo por la tele a la serie Sex & the City (ya
hablaremos de ella), Ally hace un cambio de ruta. Aunque nunca se llega a
definir como lesbiana declarada, a partir de entonces varios episodios
relatan experiencias suyas y de otros personajes con mujeres, con la
participación, por ejemplo, de Lucy Liu, la china que hace poco
protagonizó “Los Angeles de Charlie 2” y recientemente ha declarado que
“cuando una persona le atrae, no se fija en su género” (sic). Según el
guión, todo queda en experiencias pasajeras, muestras de afecto y ternura
(incluyendo algunas escenas de besos entre mujeres que le rindieron al
programa varios puntos de raiting, como suele suceder). Pero la intención
clara era abrir la puerta para los nuevos programas que vendrían. Eso lo
sabía David E. Kelley, el creador del programa y guionista de TV conocido
por hacer referencias a lesbianas en sus trabajos desde 1986 con la serie
L.A. Law, que duró hasta 1994.
En Friends, éxito rotundo en todo el mundo, hubo varios
episodios con historias sobre lesbianas, desde la “boda” de Susan y Carol,
a escenas de besos entre varios personajes femeninos (con la participación
de la actriz Wynona Ryder como lesbiana). Buffy, la caza vampiros, con
altos índices de audiencia especialmente entre adolescentes, va por la
misma línea con los personajes de Willow, Tara y Kennedy.
Y si fuera poco, entra en escena Sex & the City, otro
programa de éxito en las pantallas americanas que sigue la vida social y
las “escapadas” sexuales de cuatro mujeres que viven en New York. Los
cuatro personajes hablan de sus relaciones “amorosas”, carrera, moda y lo
que significa ser una “mujer moderna”. Los personajes femeninos
caracterizados en la serie son esencialmente heterosexuales, a excepción
de Samantha (Kim Cattral) que se describe como “heteroflexible”, pero casi
todas aparecen en la pantalla en alguna experiencia lesbiana. Con Samantha
la cosa va más lejos: hay toda una clase de cómo es una relación lesbiana
en la que Maria, la supuesta “pareja” de Samantha le enseña “que tener
sexo con un hombre no es lo mismo que hacer el amor con una mujer.”
Todo parece armado para que la curiosidad lleve al
público más o menos desavisado a explorar “nuevas posibilidades” de
relaciones sexuales “modernas”, que pruebe porque al fin y al cabo “sólo
se trata de escoger”.
Por lo mismo y dado que todos los programas citados
cuentan con actrices famosas, bien parecidas, “normales”, es casi “normal”
encontrarnos por ahí con dos niñas abrazadas o dándose besos por la calle.
¿Normal? ¿Natural?
Sí, tan natural como la piel blanca de Michael Jackson,
con todo el respeto que me merece como persona el ex Jackson Five. Que no
me vengan a decir que es natural, por ejemplo, el llamado “fenómeno”
T.A.T.U., ese dúo ruso que ha emplacado varios éxitos en los últimos
tiempos marketineando su presunta lesbianidad. Sobre ellas, ha dicho el
crítico de música del periódico El Clarín lo siguiente: “A los gritos, las
T.A.T.U. se muestran como víctimas desesperadas de una pulsión que las
enfrenta a sí mismas y a su entorno. La música acompaña tanto impulso
reprimido en busca de liberación con un techno pop coral que tiene tanto
de ABBA 79 como de The Prodigy 94 y mucho del Teen Pop más monumental (The
Call, Backstreet Boys). La canción Clowns cita los arreglos y el
estribillo de un himno homosexual de los 80, Smalltown boy, de Bronsky
Beat, mientras que How soon is now? no es otro que el tema sobre la
timidez de un chico gay firmado por Morrissey en 1984. Para sonar tan
impactantes, las T.A.T.U. contaron con el gran productor de los 80, Trevor
Horn (el genio detrás de Relax, Frankie goes to Hollywood)”. Y más
adelante, sigue “además de marketinear con la homosexualidad como
escándalo mediático, T.A.T.U. pone en escena un interrogante del momento:
si cierta música joven de hoy es un producto craneado por viejos.” ¿Alguna
duda?
No es natural, sino muy bien montado como el beso de
Madonna y Britney Spears en la entrega de los MTV hace poco o el beso que
la cantante canadiense Alanis Morrissete planta en uno de las mujeres de
Sex & the City, cuando aparece como invitada en el programa. Para que una
conducta sea aceptada e imitada es fundamental presentar modelos
atractivos con quienes el público quiera parecerse...
Lo que nunca sale en la pantalla es la verdad de muchas
relaciones homosexuales y lesbianas, presentadas como hogares perfectos,
llenos de amor y comprensión, como se nos enseñaba la vida de la “pareja”
homosexual de la premiada American Beauty, que se llevó el Oscar de mejor
película hace unos años, especialmente si los comparábamos al desastroso
matrimonio heterosexual de la historia. . Si uno se fija, últimamente en
una película cuando sale un matrimonio hombre-mujer es generalmente para
que veamos “lo mal que viven” . Casi nadie habla de los celos, la
infidelidad, la soledad y las depresiones que se dan en las relaciones
homosexuales y lesbianas. Y si uno duda, que lea las autobiografias de
homosexuales y las novelas escritas por ellos y ellas, donde se ve que su
vida es lo más lejano a una situación idílica y no precisamente porque la
sociedad “mala” los discrimina.
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