Cristo Rey
Jesús Alfonso Nieves Azúnsolo
¿Por qué decimos Cristo Rey y de qué reino es rey?
Es tradicional en nuestro pueblo escuchar el grito de
“Viva Cristo Rey”, lo escuchamos en los templos, lo leemos en las puertas
de muchos hogares e incluso, fue un grito de guerra religiosa, pero, ¿por
qué decimos Cristo Rey y de qué reino es rey?
Para poder entender lo anterior hablemos primero del
reino. Cristo inicia su predicación anunciando la presencia del reino; no
dice qué es el reino, sino que dice que ya está aquí, pues en ningún lugar
del evangelio encontramos una definición del reino de Dios. Su predicación
sobre todo es de un reino de salvación, dirigido a la profundidad del
corazón humano, provocando una toma de decisión profunda y radical por Él
o contra Él.
Quien opte por ese reino tendrá que cambiar de
mentalidad o sea convertirse, implicando un cambio de criterios y de
conducta, tratando de pensar como Cristo y vivir conforme al sermón de la
montaña. Es una conversión que significa un regreso al Padre, como el hijo
pródigo, con un cambio de conducta como la de Zaqueo. Conversión tan
íntima que exige despego y despreocupación por lo terreno, que expresada
de manera positiva se sintetiza en el mandamiento principal: “Amarás a
Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, toda tu vida y a tu prójimo
como a ti mismo”. Ya que sin la conversión del corazón no se puede entrar
al reino de Dios.
La gran novedad en la predicación de Cristo es que Dios
quiere reinar como Padre, omnipotente y benéfico. Omnipotente porque
libera al hombre de la esclavitud del pecado u benéfico, porque congrega a
todos los hombres en una familia cuyo lazo de unión es la conciencia de
ser hijos del mismo Padre, por lo tanto no es un reino político, ya que
quedaría limitado a fronteras de tiempo y espacio. Se trata de un reino
religioso pues trasciende toda frontera y es universal, debido a que
engloba las dimensiones espirituales, materiales y religiosas. Pero para
entrar a este reino hay que seguir a Cristo, quien es el inaugurador de
una nueva moral, cuyo centro es la aceptación interna de su evangelio,
debiéndose manifestar al exterior en palabras y acciones, girando
alrededor del amor a Dios y al prójimo.
La inauguración del reino coincide con la presencia de
Cristo, quien no únicamente es el mensajero definitivo del reino, sino que
además es quien nos ofrece el mensaje definitivo identificándose el reino
y su mensaje, por lo que si Él anuncia el reino y entrar al reino requiere
de un seguimiento al y del reino, entonces Él es el que reina. Pablo nos
dice: “Cristo debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus
pies...”(1Cor 15,25ss).
Un reino tiene un rey, pero también tiene súbditos y
los súbditos que heredarán su reino según Cristo son los pacíficos, los
que aman a sus enemigos, los que pierden su vida por el evangelio, los
puros de corazón; los justos, los que buscan la paz, los que rindan sus
frutos, los que aman a sus hermanos más pequeños.... ¿Seremos por lo tanto
cada uno de nosotros un súbdito de ese reino?
Con la celebración de la fiesta de Cristo Rey se
termina el año litúrgico. Tiempo de gracia en el que el Señor nos ha
hablado, alimentado y alentado en las luchas diarias de nuestra vida,
fiesta instituida por Pío XI en el año de 1925, con la intención de que
fuese de ayuda catequética para la fe, instituyéndose en el último domingo
del ciclo litúrgico anual, para subrayar más con esto, la naturaleza, la
universalidad y el fundamento de la realeza de Cristo.
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