El hombre
contemporáneo, dotado de una razón débil, ha abandonado los grandes
ideales para dejarse seducir por la pasión de la lujuria
Jaime Septién
Entrevista con el cardenal Nicolás de Jesús López
Rodríguez, arzobispo metropolitano de Santo Domingo y Primado de América.
Comunicación y vida son dos realidades de palpitante
actualidad. Frente a tantos signos de muerte, que a diario se propagan en
el mundo (guerras, guerrillas, atentados, violencia en todas sus
manifestaciones, abusos, discriminaciones, el silencioso genocidio del
aborto, y la última conquista de la cultura de la muerte que es la
eutanasia), debemos levantar la voz en nombre de toda la humanidad. Esta
es una voz, la del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo
metropolitano de Santo Domingo y Primado de América.
¿Cuál es el deber de los comunicadores y de los
cristianos?
Hablando de hombres y mujeres cuya profesión es,
precisamente informar, comunicar, analizar lo que sucede en el mundo, no
podemos sino reconocer la necesidad de que defendamos siempre y en todas
partes el valor insustituible de la vida, que nos proyectará, gracias a la
fe, en el incomparable mundo de la trascendencia y de la eternidad.
¿Qué le están diciendo a la gente los medios de
comunicación?
La prensa, la radio, la televisión, las insospechadas
pistas de la Internet, y otros recursos que la tecnología pone a nuestra
disposición, se hacen eco a diario del acontecer mundial. Y sin dejar de
reconocer que cualquiera de esos medios son excelentes para informar sobre
muy diversas realidades, buena parte de su contenido recoge cuanto de
degradante se gesta en el seno de nuestras sociedades.
¿Solamente hay información porque hay maldad en el
mundo?
No es que me oponga a que la gente se entere de la
realidad, por cruda que sea: ésa es su responsabilidad como comunicadores;
sino que debe encontrarse el justo equilibrio en el flujo de las
informaciones. En el mundo no solamente hay cosas mal hechas, por
desgracia hay muchas. También hay muchas cosas muy buenas que nunca
aparecen. Por eso hablo de equilibrio ante lo que se le ofrece al público
como información.
¿Cómo se puede analizar, desde los medios, América
Latina?
Hay medios dedicados a propagar noticias
sensacionalistas, no siempre con sólido fundamento de verdad. Frente a la
sensación de fracaso, tristeza, desencanto y desesperanza que va cundiendo
en todos los pueblos de América, deberíamos hacer un esfuerzo, todos los
que comunicamos algo, por resaltar lo bueno que tiene nuestra gente; las
grandes reservas humanas y religiosas con que están adornadas nuestros
pueblos; las reales posibilidades que tenemos de aspirar a un mundo nuevo
y mejor, aunque esto exija, ciertamente, denunciar las tremendas
injusticias que agobian a nuestras poblaciones.
El hombre anónimo; el que no cuenta y los ejércitos
de Atila
¿Hemos superado el período de las dictaduras en
América Latina?
Nuestras naciones de América sufrieron, por décadas,
oprobiosas, represivas y hasta ridículas dictaduras, dependiendo de los
personajes que las encarnaban y las representaban. Era un clamor
generalizado -durante casi todo el siglo XX-salir de esas oscuras
situaciones y respirar aires de libertad. Los dictadores fueron pasando, y
nuestros pueblos estrenaron nuevas formas de gobierno que pretenden ser
democracias, aunque todavía con graves imperfecciones y debilidades.
¿Qué tanto está perdido en el continente de la
esperanza?
Como hombre de fe, me resisto a creer que nuestra
América Latina deba vivir bajo el signo permanente de la desgracia.
Nuestros pueblos necesitan, reclaman y merecen mejores condiciones de
vida. Habrá que esperar una generación política nueva, porque la que está
de turno parece haberse agotado. Y aquí creo que los medios de
comunicación social -como otros sectores e instituciones-tienen un
importante papel qué desempeñar. En muchos países esos medios tienen
serios condicionamientos, dictados por patrones acomodados a la sociedad
hedonista, utilitarista, consumista y opulenta en que vive la minoría.
¿Estamos perdiendo nuestros valores que nos dan
identidad?
En esa sociedad, en la que los medios son una expresión
y reflejo directos, los valores espirituales, la dignidad de la persona
humana, su libertad y autonomía, muchas veces son disimulados, sofocados y
hasta anulados. En el imperio de los medios de masas, sólo encuentra lugar
el “el hombre anónimo” del filósofo alemán Martin Heidegger. El hombre
anónimo se mueve en la sujeción a los otros. No es él mismo. Los otros lo
han vaciado de su ser. El anónimo es una figura de hombre que se encuentra
en muchas sociedades y, prácticamente, en todas las dictaduras, es ahí
donde mejor se ve: un ser al que se le ha quitado la capacidad para pensar
y expresarse.
¿Los medios están ayudando a que haya cada vez más
“anónimos”?
Ese anónimo se multiplica cuando los medios de
comunicación, en vez de ayudarle a tomar conciencia de su dignidad, de sus
derechos y obligaciones, lo que hacen es propagar mentiras, pornografía,
inmoralidad, la vida fácil, el bienestar a cualquier precio, menos el
basado en el trabajo. La nueva barbarie causada por esta propaganda, por
esta invasión brutal, produce en las personas un desierto espiritual, peor
que el desierto material que dejaba Atila al paso de sus ejércitos.
La vida como valor supremo y los embates de la
propaganda
¿Estamos en condición de defender el valor de la
vida?
Sabemos que en todas las culturas, cuando se habla de
valores, el primer lugar, sin duda, le corresponde a la vida. Ella es el
valor supremo. Por ese motivo, las ceremonias religiosas más solemnes, en
todas las culturas, son las que se celebran en los grandes momentos de la
vida: el nacimiento, el matrimonio, la muerte. Los demás valores como la
paz, la justicia, la honestidad, la belleza, están subordinados a la vida.
Los hábitos, las costumbres, las instituciones, el lenguaje, protegen la
vida y le sirven como muro de defensa e instrumento de apoyo y promoción.
¿Se está perdiendo la batalla del ser por el tener?
Nuestra cultura y nuestra sociedad han engendrado un
hombre que aumenta cada día más sus necesidades, generalmente ficticias,
pero muy costosas. Pero no ha crecido en las cualidades morales. Crece en
la esfera del tener, del poder y del placer, pero no en aquella de la
verdad y de la vida. Tenemos una persona opulenta y que goza, pero no una
persona virtuosa y sabia. Muchas personas instruidas, sí, pero muy pocas
moralmente sabias. Entre instrucción y formación, hay un abismo tanto en
la escuela como en la sociedad.
¿Cuáles son los valores que se nos proponen en estos
tiempos?
En la historia, cada cultura ha optado por diferentes
valores y propone a su sociedad los modelos que mejor los encarnan. El
héroe griego, el místico medieval, el filósofo renacentista y moderno… La
sociedad contemporánea resalta el bienestar material, el placer, y los ve
realizados en el que goza y disfruta sin límites, aunque sea en el corazón
un miserable.
¿Cómo se llega a ser persona en un contexto sin
ideales?
El hombre contemporáneo, dotado de una razón débil, ha
abandonado los grandes ideales para dejarse seducir, progresivamente, por
la pasión de la lujuria, que lo mantienen encadenado y embrutecido. Hay
que proclamarlo con claridad: par ser persona, ciertamente, un mínimo de
bienestar es necesario, no discutimos esto, pero incluso para el bienestar
material basta poca cosa: la salud, una casa modesta, trabajo, comida y
vestido. Se es persona por la dimensión espiritual, y se crece como
persona en la medida en que se crece espiritualmente.
La sociedad de las contradicciones y el futuro de
los medios
¿Qué situación guarda la violación a los derechos
humanos?
Los derechos humanos se violan no sólo por la violencia
ejercida directamente en contra de la persona, sino por la persistencia de
la pobreza en millones de seres humanos. Por estructuras injustas que
originan grandes desigualdades. Intolerancia política e indiferentismo
frente a la pobreza muestran desprecio a la vida humana. Eso -como hijos
de Dios-no lo podemos callar ni aceptar.
¿Somos ahora más contradictorios que nunca?
Hay contradicciones inconcebibles. Se proclama el
derecho a la vida y el (supuesto) derecho al aborto. Lo mismo con la
eutanasia: en el fondo es matar. En el actual contexto social, señalado
por un enfrentamiento dramático entre la cultura de la vida y de la
muerte, tenemos que hacer madurar un fuerte sentido crítico, capaz de
discernir los valores verdaderos y las exigencias auténticas. Urge -ha
dicho el Papa Juan Pablo ll-una movilización de las conciencias y un
esfuerzo ético común para trazar una gran estrategia a favor de la vida.
¿Quién tiene la capacidad hoy de asumir un liderazgo
moral?
Los comunicadores y la comunicación pública deben estar
a la vanguardia de esa movilización general de las conciencias y en la
promoción del esfuerzo ético que debe abarcar a toda la sociedad. Es la
forma más eficaz de ponerse de parte de la vida. Los cristianos
comunicadores no podemos callarnos ante la confusión general en que se
vive hoy, a pesar de la indiferencia e hostilidad de los medios ante la
experiencia cristiana. Si hoy se cree que la única verdad absoluta es que
no existe la verdad, hay que afirmarla, proclamarla y defenderla para el
bien de toda la sociedad.
(Durante el Segundo Congreso Hispanoamericano de
Prensa, celebrado en Colunbia University, Nueva York, del 24 al 26 de
octubre de 2003).
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