Publicidad peligrosa
Walter Turnbull
Sabemos que actualmente casi todos los productos se
anuncian prometiendo placer sexual, pero por alguno tenemos que empezar.
Si han visto la televisión últimamente o si leen el
escrito que les mando, sabrán que hay una campaña de Helados Holanda en
México que dice "Magnum 7 pecados" y a cada sabor de la paleta le ponen el
nombre de un pecado como "avaricia", "vanidad", etc...
Sabemos que actualmente casi todos los productos se
anuncian prometiendo placer sexual, pero por alguno tenemos que empezar.
Les mando un escrito que yo ya les mandé a Helados Holanda y les sugiero
que por su parte también les escriban, manifestando que estamos
preocupados por su campaña y amenazándolos de no consumir su producto
mientras siga la campaña.
Yo mandé el mensaje a dos direcciones: una es
helados.sac@unilever.com
y la otra es dentro de la página de Helados Holanda
www.heladosholanda.com.mx
(seleccionar la página de productos y el
vínculo "contacto").
Si no logramos terminar con la campaña, al menos
haremos algo por salvar el alma del que le toque abrir el correo en
Helados Holanda.
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Estimados señores de Helados Holanda
A quien corresponda:
Hace un tiempo me pareció ver que ustedes publicitaban
una de sus paletas mencionando los 7 pecados capitales. Decían algo así
como: “Este mes, avaricia”. No se si esa campaña esté todavía vigente,
pero me gustaría hacerle un comentario al respecto.
No entendí muy bien la relación entre una cosa y la
otra, su campaña no lo especificaba. Tal vez insinuar que el placer que se
obtiene al comerse una de esas paletas es tan grande que raya en lo
pecaminoso. Tal vez comparar el enorme placer que se obtiene al comerse la
paleta con el placer que se obtiene al cometer un pecado, que, aunque sea
aparente, temporal y destructivo según la moral tradicional, no deja de
ser placer. Tal vez, así como la enorme mayoría de las campañas
publicitarias ofrecen placer sexual por el consumo de casi cualquier cosa,
ustedes dan un paso más y ofrecen siete placeres diferentes en el consumo
de una sola cosa. Quien sabe...
El hecho es que usan el atractivo que presenta el
pecado -todo mundo sabe que lo prohibido es tentación y yo siempre he
dicho que, por alguna mala razón, los maldosos son atractivos- para vender
su producto. Reconozco que es una buena estrategia publicitaria. Hay mucha
gente a la que algo del mundo de la perversión le fascina.
Pero me pregunto si ustedes se dan cuenta de lo
peligrosa que puede resultar una campaña como esta, una promoción del
pecado como algo recomendable, inofensivo, agradable, atractivo.
Decía Pío XII, y sostiene Juan Pablo II (el líder de un
grupo religioso que se hacen llamar Iglesia Católica) que el mayor
problema de nuestro tiempo (más que la guerra, o que el hambre, o que la
enfermedad, o que la pobreza, o la violencia...) es la pérdida del sentido
del pecado. La gente ya no sabe lo que es pecado, o, si lo saben, no les
parece que sea tan malo. Incluso les parece atractivo, justamente como su
campaña lo presenta. Por eso la sociedad está cada vez más desprevenida y
más vulnerable a su destructiva acción.
Me recuerda a las pastorelas en las que el público se
enamora del diablito, confundiendo al demonio con la picardía y el ingenio
del mexicano, sin saber que el demonio es un ser poderoso que se empeña en
hacer infeliz al hombre. Y bien que lo está logrando.
Permítame ponerle algunos ejemplos de pecados.
La vanidad es la base de todos los demás pecados.
Consiste en sentirnos superiores, con más derechos que los demás hombres,
o en sentir que no necesitamos a Dios. Peca de soberbia, por ejemplo, el
presidente del país al que se le hace fácil destruir a otro por no
considerarlos dignos de existir; o el camionero que le echa el camión
encima poniendo en riesgo su vida (la de usted) por que siente que él
tiene más derecho a acelerar que usted a vivir; o el joven rockero que
desprecia todo lo que suene a madurez o a civilización... Existen miles de
ejemplos; la soberbia es el ser más versátil de la creación.
La avaricia la practica el carterista que le da un
navajazo en la cara a una persona porque no se dejó robar la bolsa; o el
empresario que se lanza con todo su empeño a desaparecer del mapa a un
competidor y a dejar a todos sus empleados sin trabajo, aún a costa de
explotar a sus propios empleados (algo así como lo que está haciendo la
Nestlé con ustedes); o el narcotraficante, o el que trafica con niños para
ser esclavos sexuales, o el político que se embolsa cuatro o cuarenta
miles de millones de dólares a costillas del hambre de la gente. Todo eso
es movido por la avaricia.
La lujuria la practica el galán que embauca a su hija
(a la de usted, no a la de él. ¿Tiene usted hijas o sobrinas o nietas en
edad de merecer?) para que se acueste con él sin ningún compromiso, o la
pandilla que viola a una muchacha (también pudo haber sido su hija), o la
hermosa esposa del ejecutivo que lo engaña con un pobretón pero que tiene
todo el tiempo de mundo porque su marido ya no la satisface...
El pecado de ira lo comete el padre que golpea a sus
hijos y a su esposa, o el presidente invasor o el carterista de los que
hablábamos arriba. O el patrón que en un arranque corre a un empleado o el
empleado que en un arranque comete un acto de sabotaje...
La pereza la practica el empleado que recibe su sueldo
completo pero realiza nada más una parte de su trabajo. O el muchacho que
por pura flojera bota la universidad que los papás le pagaban con bastante
esfuerzo.
¿Les parece gracioso? ¿Les parece que es parecido a
comerse una paleta? ¿Les parece algo digno de fomentar?
El caso es que, a fuerza de mensajes como este, la
gente va perdiendo esa sensibilidad para detectar el pecado y esa voluntad
de combatirlo. Si nos acostumbramos a la palabra pecado como algo
familiar, cotidiano, inofensivo, o hasta divertido, terminaremos por
aceptarlo y practicarlo con la mayor naturalidad. Justamente como está
pasando dondequiera que usted voltea.
Se puede preguntar: ¿Qué tanta influencia puede tener
una campaña? ¿Qué tanto daño puede hacer? Eso, mi amigo, desgraciadamente
no lo vamos a saber hasta que sea demasiado tarde. Yo me pregunto: ¿Qué
tanto daño es aceptable? Son cosas que no las puede medir nadie, pero
habemos muchos que sospechamos que toda la violencia, el desenfreno y la
desintegración social y familiar que vivimos, se debe, en gran parte (en
enorme parte) a los mensajes que la gente recibe en los anuncios y en las
porquerías de muchos programas de la televisión comercial.
De mucho que les va a servir participar en el Teletón y
en la conservación de la fauna si siguen con campañas como esta. Ni el
teletón más exitoso del mundo compensa la pérdida de una sola alma que
vaya a dar al infierno gracias a su campaña, incluyendo el alma de alguno
de ustedes. ¿Ustedes no creen ustedes en la existencia del infierno? Yo no
me arriesgaría.
Habemos algunos que tememos que mientras sigan
empeorando los mensajes, seguirá empeorando la sociedad. Ojalá y nos
equivoquemos.
¿Vale la pena envenenar el ambiente en el que vamos a
vivir nosotros y nuestros hijos a cambio de vender unas cuántas paletas
más? Yo pienso que no, pero eso es muy mi opinión. Y también, aquí entre
nos, pienso que ustedes no deberían necesitar campañas como esas. A mí en
lo personal, me parece que la calidad de sus productos habla por sí misma.
Excepto la de esa paleta que, por supuesto, no la pienso comprar mientras
siga esa campaña.
Piénselo.
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