Michael Jackson y su
detención ¿vale la pena tanta dedicación de los medios?
Javier Arnal
Muchos famosos se lanzan a este circo del mercadillo
de las intimidades por necesidades económicas o por afán de protagonismo.
El mercadillo de las intimidades de los famosos da
pena. Entre conductas más que sospechosas, acusaciones de unos contra
otros para avivar el morbo o crearlo artificialmente, acompañado todo ello
con una foto o un vídeo que sirve como pretendida prueba concluyente,
media humanidad sigue con interés este desfile de esperpentos.
Muchos famosos se lanzan a este circo por necesidades
económicas o por afán de protagonismo. Hay gente que se aferra al famoseo,
a costa de lo que sea, porque detrás de esa cara no tienen auténtica
categoría humana. Una lástima, porque suelen ser líderes en su ambiente,
atracción para millones de personas, con frecuencia jóvenes. También hay
famosos que, pase lo que pase en su fama o en su economía, mantienen con
dignidad su situación.
Ahora se ha organizado el circo mediático en torno al
cantante Michael Jackson. En este caso, su popularidad y sus
extravagancias frecuentes pueden confundirse con otras circunstancias, no
precisamente accesorias. En todo el mundo prácticamente ha habido
manifestaciones de seguidores que afirman su inocencia, ante la acusación
de supuestos abusos sexuales a menores. Resulta curioso que sean tan
tajantes: o tienen pruebas que sólo ellos conocen, o la policía hizo el
primo con semejante despliegue “made in USA” en el rancho de Jackson, más
propio de una película.
Pero Jackson no es de los famosos arruinados, o al
menos todavía. Tras su entrega en una comisaría californiana, no ha tenido
problema para abonar los 3 millones de dólares de fianza y estar en la
calle. Justicia ciega para todos, con independencia de su fortuna
personal: ¿es acaso una quimera, una utopía? Jackson ha afirmado que es
falsa la acusación. Si no fuera millonario, ahora estaría en la cárcel, a
la espera de juicio. Y si es famoso y adinerado es porque hay público
suficiente en el mundo para comprar sus discos, aunque sus operaciones de
cirugía estética, sus bromas aterradoras (amago de tirar a un bebé desde
un balcón, y luego tirar un muñeco ante unos cientos de fans), las
reiteradas acusaciones, no son un freno para que siga triunfando. O tal
vez triunfa porque sabe aprovecharse, con sus asesores, de cómo es el
circo mediático.
No sabemos, de nuevo, si es primero el huevo o la
gallina. Si tan real y sano es su afecto a los niños, como él dice, no
sabemos el dinero que destina a ayudar a niños que viven en la miseria, o
a algunos de los 250 millones de niños que -según los últimos datos- son
obligados a trabajar, o a evitar que haya tantos niños-soldado.
La detención de Jackson es una noticia de alcance
mundial. No parece, sin embargo, que se merezca tanta dedicación de los
medios. Nuestras vidas han de volcarse en otras cuestiones sociales,
culturales, políticas, también musicales, para que empecemos a dejar de
considerarnos todos nosotros un poco -o mucho- “payasos de este circo”.
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