Del buen ejemplo
Carlos Díaz
Invitación a la belleza: deja limpio lo que encuentres sucio, y no a la
inversa
Como docente siempre me
encuentro sucia la pizarra de clase, pero me gusta dejarla limpia. Como
ciudadano veo cáscaras de plátano en el suelo que procuro recoger y echar
en la próxima papelera, no siempre tan cercana. No se trata de convertirse
uno mismo en un recogedor de basuras, porque sería imposible. Pero la vida
no es una excursión en la que tus residuos molesten al siguiente: no dejes
otra huella que no sea la de tu limpieza vital.
El corazón dolorido me lleva a
cargar con el que sólo puede ensuciar, y lavar sus pies.
Invitación al civismo: evita
el peligro a los demás como si del tuyo propio se tratase
Es absolutamente necesario
luchar contra el hambre y contra todo lo que mata. Pero además de eso hay
que luchar en la vida cotidiana contra batallas que a la mayoría de los
ciudadanos les resultan invisibles porque no las sienten como propias. A
veces hay cables de luz peligrosos, cloacas sin tapadera, señalizaciones
equívocas, etc, y esos peligros siguen ahí por tiempo, incluso causando
víctimas. Ante ellos los corazones duros procuran sortearlos ellos mismos
y en todo caso alertar a sus amigos. Pero ¿por qué no avisar también a la
policía, al ayuntamiento, a los bomberos, a quien corresponda, para que
nadie padezca?
Resulta duro asumir ese
comportamiento, pero más duro para la persona digna sería no hacerlo.
Además, mala señal ética no llevar ninguno de esos telófonos en la agenda
para usarlos cuando corresponda. Estoy persuadido de que quien evita el
peligro a los demás como si del suyo propio se tratase tiene andado un
buen trecho por el camino de la revolución cotidiana. Quien es capaz de lo
pequeño es capaz de lo grande, quien no es capaz de lo pequeño no es capaz
de lo grande.
Invitación a la generosidad:
da tu sangre, si puedes, condona la deuda económica, renuncia al interés
monetario
La persona donativa no pide más
derechos que deberes, antes al contrario, sin renunciar al propio derecho,
lo cede al necesitado, lo convierte en deber propio asumiendo las cargas
de quienes menos pueden.
Invitación al esfuerzo:
cultiva tus talentos, sean muchos o pocos, si no quieres robar
Quien no cultiva sus talentos es
un ladrón, roba: no da lo que podría dar. Hablamos de no robar, pero
olvidamos también hay robo cuando utilizo el teléfono del trabajo para uso
privado, cuando doy las clases mal, cuando veo demasiada televisión
perdiendo el tiempo necesario para presentar a otros la revolución, cuando
me levanto tarde, cuando me escudo en el anonimato, cuando soy menos
diligente en lo común que en lo mío particular. El perezoso roba, pero
roba además quien se desinteresa del prójimo abandonándole, es decir,
cuando responde como el Comendador a don Juan Tenorio en el drama de
Zorrilla: «y qué tengo yo, don Juan, con tu salvación que ver?».
Así pues, no robes: participa en
la construcción de la ciudad armoniosa, de la familia sana, de tu
identidad personal, estudia más para que tu voto contribuya al mejor
gobierno. Cultiva tus talentos, no seas perezoso.
Di la verdad
La mentira consiste en decir que
lo que no es es, y que lo que es no es; elevar el no-principio a principio
para no empezar por el principio. Por eso quien miente rompe la realidad y
se rompe a sí mismo. El efecto de la mentira es la fractura de lo real y
la autofractura, en la medida en que uno mismo es parte de la realidad
misma. Tratando de justificarnos nos convertimos en injustos por culpa de
la mentira. El primer efecto de la mentira es la fractura, el segundo la
ampliación de la mentira en forma de injusticia. Por culpa de la mentira
nos convertimos además en esclavos de la mentira misma, pues quien miente
una vez se ve obligado a mentir dos veces para intentar camuflar la
mentira primera, y así sucesivamente. Al final vivimos en la irrealidad,
huyendo también de nosotros mismos, no queriendo saber cuál es nuestra
realidad.
La mentira de todos no es menos
mentira, por eso mientras ayudamos al emigrante luchamos contra las leyes
de extranjería, contra la Europa que cierra sus puertas a los pobres y que
lava esa cerrazón con supuestas ayudas al Tercer Mundo entregadas a ONG
sumisas, a las cuales también ayudaremos diciéndoles la verdad, contra el
FMI. Si la mentira pide mentira, la verdad pide universalizar la verdad,
mirarla cara a cara, aunque duela, pero con amor: odia el delito y
compadece el delincuente, para que no vuelva a delinquir. La verdad nos
hará libres.
Invitación a la mirada
universalizadora
La humanidad es un sindicato universal,
pues syn-diké significa
justicia juntamente con los demás, por eso soy síndico cuando trato de
mirar al prójimo como a mí mismo y quiero para todos lo que quiero para
mí, evitando para ellos lo que evito para mí; y, si no es posible,
compartir hasta donde se pueda siempre para ti lo mismo que para mí,
especialmente si eres más débil, si estás más necesitado, si tu piel es
arruga sobre arruga.
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