La hora del amor y
la esperanza
P. Santiago Martín
“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y
en la tierra angustia de las gentes... Cuando empiece a suceder esto,
levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación” (Lc 21, 25-28).
Empieza el Adviento. Empieza el tiempo de preparación
para la Navidad. Como todo tiempo de preparación, está marcado por el
examen de conciencia, por la penitencia, por la purificación. Se trata de
preparar la casa para hacerla acogedora al Hijo de Dios. Por otro lado, se
trata también de darnos cuenta de la grandeza del don que significó el
Nacimiento de Cristo.
Por eso, este Evangelio nos invita a meditar sobre la
gran suerte que tenemos al haber recibido la visita redentora del Señor, y
al saberlo. Esta suerte, mayor aún por ser conscientes de ella, nos tiene
que sostener en medio de las dificultades. Cuando éstas nos afecten,
cuando nos hagan tambalear y aún dudar del amor de Dios, basta con mirar
con los ojos del alma la escena de Belén. Los pastores que acudieron a
adorar al Niño recién nacido no fueron beneficiados con milagros o con
dinero y, sin embargo, salieron de allí felices, porque se llevaban la
certeza del amor de Dios.
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