Editorial
Una idea para empezar el año
Walter Turnbull
Un buen propósito de Adviento, de año nuevo y de vida.
Todavía es nuevo el año. El período de Adviento,
Navidad y año nuevo ha sido un tiempo rico en lecturas selectas, en
catequesis clásicas, mensajes vigorosos y frases afinadas para recordar
las ideas básicas del Adviento, que finalmente son las verdades
fundamentales de nuestra fe: El amor de Dios, el don de la vida, la
humildad de Dios y la elevación del hombre, su presencia de Dios en
nuestra vida, la realidad del mal, la salvación, la participación de la
vida divina... Las respuestas a la pregunta sobre el sentido de la vida y
de la fe.
Algunas seguramente nos han calado, nos han motivado,
nos han animado más que otras. A cada quien según lo que trae por dentro
en ese momento. En la misa de Navidad a la que asistí con mi familia, el
celebrante terminó la homilía con la oración colecta de la misa: "Dios
nuestro, que de forma admirable creaste al hombre a tu imagen y semejanza,
y de modo más admirable lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo,
concédenos participar de la vida divina de aquel que ha querido participar
de nuestra humanidad." Y después añadió algo así como: "Participar de la
vida divina: la Gracia de Dios.
Reproducir en nosotros la vida de Cristo. Ser otro
Cristo. Nada que desvirtúe o rebaje esta gloriosa imagen para la que hemos
sido creados y redimidos..." (palabra más, palabra menos).
¿Para qué ser cristiano? ¿Para qué esforzarse? ¿Porqué
defender la vida? ¿Para qué la batalla por la pureza? ¿Qué tiene de malo
esto que todo mundo hace? ¿Porqué respetar al que está junto a mí? ¿Qué
pierdo con un pecado?
He aquí una buena
respuesta. "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" dice San
Pablo. Nada que desvirtúe o rebaje esta gloriosa imagen. A mí en lo
personal me parece una idea muy afortunada. Un buen propósito de Adviento,
de año nuevo y de vida.
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