Lo definitivo
Pbro. Miguel Rivilla San Martín
La Iglesia nos alerta para que nos preparemos al
encuentro -¡el más importante de nuestra vida!- con Dios.
Tan atrapados vivimos los
humanos por lo inmediato y lo contingente, que acabamos por perder de
vista el rumbo y la meta definitiva de nuestra existencia.
Las ocupaciones y
preocupaciones materiales, nos agobian insistentemente y hacen que nos
repleguemos al pequeño mundo de lo cotidiano y de lo efímero. Prestamos
tanto interés y atención a lo que traemos entre manos, que nos falta el
tiempo y sosiego necesarios para orientarnos bien en la vida y calibrar lo
que es verdaderamente importante.
La mayoría pasamos la vida
entretenidos en cosas fútiles y baladíes que nos privan del tiempo de
reflexión para ver hacia donde vamos y qué hacemos en la vida.
La existencia humana no es
otra cosa que un devenir continuo e imparable. Moverse, agitarse y pasar
hacia un más allá que no comprendemos. Es el “panta rei” de la filosofía
griega. Todo fluye, todo pasa, nada es estable, nada es duradero.
Somos peregrinos,
caminantes, que vamos al encuentro del Señor. Dios es nuestra meta
definitiva. De él venimos, de él somos, y hacia él nos dirigimos.
Un pensador actual ha
escrito “La vida es como un paréntesis en el tiempo. Se abre con el
nacimiento y se cierra con la muerte. Poco importa que ese paréntesis sea
largo o corto. Lo que importa es lo que se ponga dentro de él. A muchos la
propia vida les produce vértigo”.
La Iglesia nos alerta para
que nos preparemos al encuentro -¡el más importante de nuestra vida!- con
Dios.
”Vigilad ,porque no sabéis
ni el momento ni la hora”,nos advierte Jesús en su Evangelio.
A todos nos conviene no
echar en saco roto la advertencia divina.
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