Educación Fantasma
Sergio Barrón
Me parece que en nuestros días lo que predomina en la
mayoría de escuelas es el des-encuentro entre alumnos y maestros.
¿Qué es la escuela?
Generalmente respondemos que es el lugar donde vamos ha aprender o un
lugar donde encontramos alumnos y maestros.
“Lugar donde vamos ha
aprender”, se supone que la escuela es el espacio adecuado donde se puede
lograr un desarrollo intelectual completo. Es el lugar donde se debería
aprender lo conocido y generar nuevos conocimientos. Desde mi punto de
vista creo que ahora la gran mayoría de escuelas se han convertido en
lugares donde lo que menos se genera es el conocimiento. Cada vez más las
escuelas son “mini-empresas” donde lo más importante es el ingreso
económico. El alumno o alumna se convierte en signo de pesos, se le toma
como algo que está para ser formado y manipulado al antojo del
“empresario”. Al alumno se le da lo que se cree conveniente.
Desgraciadamente cuando el alumno(a) es tomado como signo de pesos deja de
ser una persona y consecuentemente se le deja de educar. El alumno signo
sólo sirve como un trampolín para mejorar materialmente. Si la
“mini-empresa” vive con este criterio seguramente tendrá cero reprobados,
tendrá aulas llenas, tendrá a su alumnado “feliz”, tendrá los “mejores”
maestros, tendrá padres de familia que verán en las buenas calificaciones
de los hijos(as) el reflejo de la “excelente” escuela que ha elegido. Creo
que con esta clase de escuelas es suficiente para entender por qué a nivel
educativo estamos como estamos.
“Lugar donde encontramos
alumnos y maestros”, ¡Cierto! Me parece que en nuestros días lo que
predomina en la mayoría de escuelas es el des-encuentro entre alumnos y
maestros. O dicho de otra manera la confrontación entre alumno-maestro. Es
conocido, por los que se dedican a la educación y trabajan con grupos, que
el dar una clase se está convirtiendo -o se ha convertido- en una especie
de lucha contra. Entrar al salón de clase implica enfrentarse al grupo,
motivarle, captar su atención, hacerle grato el conocimiento, soportar
impertinencias, malas caras, risas sarcásticas, cuchicheos etc. Parece que
los maestros(as) se están estancando en éste aspecto, es decir se quedan
en la lucha por la lucha misma. Tal estancamiento provoca que en lugar de
disfrutar dar la clase se convierta en un sentirse obligado a dar clase.
Todo ello trae una serie de consecuencias como: ser un maestro(a) cerrado,
recurrir al dictado para tener silencio, dejar que el grupo siempre
exponga clase, programar constantemente alguna actividad externa, dar
clases libres, tomar el tiempo de clase para temas varios, convertirse en
el maestro “amigo” del grupo...a fin de cuentas a dejar de lado lo
esencial: educar.
Una escuela con las
características anteriores cumple con ofrecer la llamada “Educación
fantasma”. Es decir, existe aparentemente pero no se le puede mostrar como
real.
Seguramente, usted amigo
lector, se ha topado con este tipo de escuelas que tienen estas
características -y seguramente otras más alarmantes-. Pero también, y esto
es lo que debemos rescatar, conoce escuelas que realmente se preocupan por
el buen desarrollo intelectual y personal de los alumnos. Le invito a
cuestionar prudentemente la educación que su hijo(a) está recibiendo, a
interesarse activamente por su desarrollo, a conocer personalmente a sus
maestros(as), a entablar diálogo con el Director o Directora, a conocer
los orígenes de la escuela etc. Recuerde que la educación es un círculo
formado por los padres de familia, el alumno y el maestro.
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