Los periodistas,
esos desconocidos
Javier Arnal
Hay sectores que siguen considerándolo como un “cuarto
poder”: control contra profesionalidad, ése es el dilema.
En casi todo foro de
opinión, asociación, centro educativo o cultural, alguien propone que haya
una charla-coloquio sobre periodismo. Siempre que puedo, acepto esas
invitaciones, que son de lo más variado, como hace unos días, en el
remodelado. Es un modo de tomar el pulso continuamente acerca de la
percepción que se tiene de los medios de comunicación.
Los periodistas, como
sector profesional, no gozamos de prestigio profesional, aunque me duela
escribirlo. Si toda generalización es injusta, no es menos la del
desprestigio del trabajo periodístico, pues hay profesionales excelentes.
Las causas son muy variopintas, y en pocas líneas es imposible elaborar un
elenco completo.
Se puede hablar del tipo
de trabajo superficial -¡las prisas!- que parece acompañar al trabajo
periodístico, de los condicionamientos empresariales o políticos, pero
para mí nadie o casi nadie se responsabiliza de la causa principal, que es
la preparación a lo largo de décadas de quienes ejercen la profesión
periodística. ¿Ha habido interés en ello, por parte de los gobiernos y de
los propietarios, para que ese supuesto “cuarto poder” tuviera una
excelente preparación, o se ha preferido que fueran manejables, plumíferos
o voceros? Mark Twain decía que, si se sacaba de un manicomio a un hombre
idiota y se le casaba con una mujer idiota, pasadas cuatro generaciones,
el resultado sería un editor de prensa. Un editor así -podemos concluir-
¿a qué tipo de periodistas desea contratar, o cómo quiere que sean?
La sociedad no ha estado a
la altura de la creciente importancia de los medios de comunicación, hasta
hace muy poco, cuando el desarrollo tecnológico nos ha sumergido a todos
en la sociedad de la información. El poso, la preparación, no se
improvisa. Baste recordar que, en España, el periodismo adquiere rango
universitario de título superior en 1958. Puede haber excelentes
periodistas que no tengan titulación universitaria, o una titulación
universitaria distinta, pero ya casi nadie sostiene que sea una actividad
de gente joven, inquieta, escurridiza, algo oliscona, polemista o con afán
de reformas sociales. Ironías de la vida: ahora hay muchos periodistas,
con titulación y preparación, en el paro, o desempeñando otros trabajos
para poder vivir.
Hay muchos periodistas
ahora capacitados para un periodismo de mayor calidad, si la sociedad
desea que exista. Hay sectores que siguen considerándolo como un “cuarto
poder”: control contra profesionalidad, ése es el dilema. Todos ganaremos
si se trata a los periodistas como se debe, sin temores y exigencia. Me
acuerdo de aquel “¡qué buen vasallo si tuviese un buen señor!”. El señor
es la sociedad civil, o debería serlo en toda sociedad democrática: si no,
otros ocuparán ese trono. Luego, a quejarnos.
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