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La jerga amoral

J. Antonio Doménech Corral

La jerga amoral no busca otro objeto que edulcorar ciertas realidades humanas y evitar se manifiesten con palabras ofensivas para la dignidad de la persona.

La “jerga”, según define el diccionario castellano, es un lenguaje popular distinto del culto, capaz de expresar sus mismas ideas pero en formas figurativas que se basan en el eufemismo y en la metáfora. Se da en todas las actividades y facetas de la vida. También en la faceta moral del comportamiento humano, a la que nos vamos a referir; aunque en este caso la jerga resultante es más bien amoral, pues no busca otro objeto que edulcorar ciertas realidades humanas y evitar se manifiesten con palabras ofensivas para la dignidad de la persona.

Un ejemplo lo tenemos, desde hace años, en las llamadas relaciones prematrimoniales o matrimonios a prueba; y ahora parejas de hecho que abarca tanto el mismo como distinto sexo. Pues bien; aunque esta clase de apareamiento no pasa de ser una promiscuidad cuyo verdadero nombre es fornicación, con esa bonita denominación de “pareja de hecho” ya se admite con toda naturalidad, ha obtenido incluso protección legal y es defendida como conducta moralmente correcta.

Otro tanto tenemos con los opuestos a la natalidad natural. Para ellos se ha creado la expresión “fecundidad asistida”, en lugar de decir inseminación artificial; o “interrupción voluntaria del embarazo”, para no tener que confesar que se están refiriendo a un aborto directamente provocado. Incluso los hay también que hablan del alquiler de úteros para albergar óvulos fecundados y facilitar una gestión, creyéndose además que hacen una buena obra; pero se equivocan de plano, porque el hijo es siempre un don y no un derecho que hay que conseguir como sea.

Y dentro de este mundo artificial de la jerga, ha logrado también consolidarse la expresión “educación sexual” que, envuelta delicadamente en un disfraz para no herir la dignidad de la persona humana, no tiene más finalidad que la fisiológica e inducir a una sensualidad lujuriosa exenta de todo noble esfuerzo o virtud.

El caso es que todo ha influido para que, en nuestra cultura europea occidental y según todas las estadísticas nacionales, la mayoría de los jóvenes hogares de las jóvenes parejas carezcan de niños; aunque tengan dinero suficiente para mantenerlos porque, además de la unión de personas, se da la unión de dos sueldos. Y es que, están demasiado ocupados en procurarse el mayor placer y bienestar personal posible.

Pero irrita que los autores y partidarios de esa jerga, moral o amoral según se mire, se crean unos bienhechores de la humanidad; cuando los muy tunos deben sentirse muy satisfechos porque ellos no fueron “barridos” antes de nacer, y sí concebidos por el vivo deseo de sus padres.

 
 

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