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Toda clase de calumnias

Walter Turnbull

“Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque grande será su recompensa en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes”

Pasan los días y la alharaca no disminuye. Se percibe en el ambiente un clima de “linchamiento” contra la Iglesia, y particularmente contra la persona de los obispos. Era de esperarse: por un lado los obispos son los representantes de la Iglesia y son los más visibles a la hora de levantar la voz y dar la cara. Por otro lado, existen varios grados en la escala de enemistad a Dios: Negar a Dios abiertamente es una postura evidentemente arriesgada; bastante más seguro es creer en Dios pero desconfiar de la Iglesia, muchos prefieren esta posición; y descargar el resentimiento contra una sola persona como es el obispo es tentadoramente fácil. Lo más cómodo es arremeter contra el obispo; siempre queda la ilusión de que el obispo sea el que se equivocó y descalificándolo a él nos libramos de sus incómodas declaraciones sin enfrentarnos abiertamente contra la Iglesia o contra Dios.

Las acusaciones son siempre las mismas: que la Iglesia está atrasada, que se mantiene en el oscurantismo, que exagera su postura, que no escucha la voz del pueblo... Es curioso que los gobiernos “democráticos” distan mucho de escuchar a sus pueblos o de trabajar por su bien, pero en cambio han hecho creer a la gente que todo se puede decidir por votación y que la voz de la mayoría es garantía de la verdad. Como si la Iglesia tuviera que cambiar su doctrina para ajustarse a la moda o a la voluntad de la mayoría. Como si Dios hubiera tenido que preguntarnos para hacer su proyecto. “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38, 4)

Me recuerda a aquellos discípulos de Jesús que, cuando les habló de comer su cuerpo, exclamaron: “Dura es esta doctrina. ¿Quién puede soportarla?” (Jn. 6, 60). Y a partir de ese momento muchos de sus discípulos dieron un paso atrás y dejaron de seguirlo. (Jn. 6, 66)

Yo me siento muy satisfecho de que nuestros obispos estén siendo infantilmente criticados. “Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque grande será su recompensa en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes”. (Mt. 5, 11-12). Pobres de ustedes cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados. (Lc. 6, 26).

Qué bueno fuera que todos los hombres se salvaran y llegaran al conocimiento de la verdad, pero en estos tiempos y en esta sociedad, qué buena señal es que la Iglesia tenga tantos enemigos sobre todo entre los satisfechos. Señal de que la Iglesia habla en el nombre de Dios.

Vaya nuestro saludo y nuestro respaldo a los obispos -y a cualquier otro- que estén siendo difamados por anunciar la verdad.

 
 

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