¿De quién es el
mundo?
Tenían razón aquellas mujeres. Tienen razón estas
mujeres de ahora, estas pancartas de siempre: el mundo no es de los
bloques, el mundo no es de los extremos.
Eran los años en los que mandaban Reagan en Estados
Unidos y Andropov hacía de las suyas en la Unión Soviética. Es decir, eran
los tiempos en los que mandaban los bloques. Y eran también los tiempos en
los que ambos bloques se temían. El común de las personas pensaban igual
que piensa ahora el común de las personas y los bloques de ahora piensan
igual a como pensaban los de antes. Con leves variantes, hemos variado muy
poco.
Lo decían las pancartas y lo gritaba la gente: “Reagan,
Andropov, el mundo no es de ustedes”. Fue en Ginebra. Ahora ha vuelto a
repetirlo el mundo, también en pancartas, también en grito: Bush, Blair,
Aznar, el mundo no es de ustedes. Hasta el Vaticano ha lanzado
reiteradamente este grito.
Lo de Reagan y Andropov fue en Ginebra y las voces que
gritaban, cristalinamente femeninas, pero con sonido de vidrio quebrado,
como si la fuerza de la voz tuviera necesariamente que rasgar las telas
del corazón de los responsables. Las voces de ahora son universales, son
también religiosas, multi diversamente religiosas, y van desde lo más alto
de la intelectualidad hasta la más común de la ciudadanía: Reagan, Bus,
Andropov, Blair... extremos. También extremos Sadan, Bin Laden, la
guerrilla colombiana, la ETA y sus asesinos. También extremos...
En la época de Reagan los escribieron, y luego lo
gritaron en varios idiomas, para que el mundo se enterara de que ellas, el
Movimiento de mujeres por la Paz, estaban en el centro, y no solamente en
el centro de Ginebra sino en el centro del estupor, alejadas de toda
posibilidad de exterminio.
Tenían razón aquellas mujeres. Tienen razón estas
mujeres de ahora, estas pancartas de siempre: el mundo no es de los
bloques, el mundo no es de los extremos, y si los bloques y los extremos
quieren continuar siendo bloques a fuerza de la fuerza del disparo, nos
están robando el mundo. Porque el mundo es nuestro, nosotros somos el
mundo, y nosotros somos mundo.
Mundo que desea vivir en paz, desarrollarse en paz,
dormir y despertar en paz, trabajar y hasta consumir en paz. Mundo con
dolor de siglos en su vientre incubando una esperanza que los extremos de
siempre no dejan nacer. El mundo, nosotros, tiene derecho a ser. Y los
extremos Rehagan-Andropov, o como se llamen, tienen la obligación de
respetar.. El mundo no es de ellos. El mundo es de la gente de paz.
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