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Año mundial contra la esclavitud

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Pareciera un contrasentido hablar o escribir a estas alturas acerca de la esclavitud.

Pareciera un contrasentido hablar o escribir a estas alturas acerca de la esclavitud, esa lacra ya supuestamente desterrada, ese fenómeno que redujo a la condición humana a su más degradante bajeza.. Y si esto fuera así ¿por qué las Naciones Unidas han elegido a este año como el Año Internacional de la lucha contra la esclavitud y de su abolición?. ¿Acaso Nelson Mandela no se salió con la suya en Sudáfrica? ¿Es que realmente todavía quedan esclavos?. Pues, al parecer, si, y no pocos. Ocurre que, como todo, también la esclavitud ha cambiado de signo, de estilo; esto es, se ha tecnificado.

Dicen que en el pasado, entre África y el Nuevo Mundo sufrieron el comercio de esclavos entre diez y veintiocho millones de personas. La cifra exacta jamás se sabrá. Pues bien, tampoco importa la precisión de la cifra aunque sí, y mucho, la realidad del fenómeno. La época histórica en la que más efervescente resultó este comercio de esclavos oscila entre los años 1450 y 1850.

Se ha querido utilizar precisamente este año para conmemorar el “bicentenario de la revolución haitiana”, la cual dio pie para que pudiera erigirse la primera República negra del hemisferio occidente, lo que sirvió como ejemplo para la liberación del resto de los pueblos caribeños y en general de los latinoamericanos. Haití, una nación pobre entre las pobres, que en estos precisos momentos continúa viviendo entre el agobio y la esperanza. Hay revoluciones que nunca terminan de prosperar.

Pues sí, las Naciones Unidas no quieren que la trata de esclavos, esto es, la comercialización del ser humano como objeto de trabajo, como si de animales se tratara, existió. Lo ha dicho el Director general de la UNESCO: “Al institucionalizar la memoria, resistirse al olvido, revivir una tragedia que por muchos años ha permanecido escondida o sin reconocimiento, y al asistir el que ésta ocupe su justo lugar en la conciencia humana, estamos respondiendo a nuestro deber de recordar”.

Recordar aquello para que no acontezca lo que continúa aconteciendo, para que no creamos que el trabajo en condiciones de servidumbre, que afecta a más de veinte millones de personas en todo el mundo, no es esclavitud; para que sepamos que esas mujeres que trabajan en Europa, en condiciones de servidumbre por deudas adquiridas, es esclavitud; igual que lo es el tráfico de tantos niños y niñas no solamente para forzarlos a trabajar en haciendas, sino para otros degradados oficios. ¿Y qué decir del problema de los emigrantes y todas sus tragedias?

 
 

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