El formato
“Elaboramos un estudio de mercado y observamos que los
adolescentes se sentían intimidados por el tamaño de la Biblia, así que
decidimos cambiarle el formato para hacerla más asequible”.
Al parecer, el formato cuenta. ¿Será que en la vida
todo es cuestión de formato, de empaque, de diagramación, de presentación?
No nos queda más remedio que acudir a las técnicas de la investigación de
mercados para acertar con la presentación para la venta del producto, de
cualquier producto, incluido el producto de la creencia. Utilizar las
nuevas técnicas a veces nos asusta, pero no nos queda alternativa.
Viene a cuento porque, en Estados Unidos, el
experimento parece que ha dado resultado con lo que respecta a la
estimulación juvenil hacia la religión: lo que no se conseguía por otros
medios se logró, al menos en buena parte, acertando con el formato. Se
trata del formato de la Biblia. La Biblia, es decir, su contenido, fue
convertido en contenido de revista y en formato de revista. Concretamente
el Nuevo Testamento. La revista en la cual ha sido plasmado se llama
Revolve. La editora de la publicación ha explicado por qué llegaron a
convencerse por ese formato: “Elaboramos un estudio de mercado y
observamos que los adolescentes se sentían intimidados por el tamaño de la
Biblia, así que decidimos cambiarle el formato para hacerla más
asequible”.
Y es que, la verdad, la Biblia son muchos libros, y de
muy diversa categoría, y de temas variados, y de estilos muy diferentes, y
de contextos muy distintos, y de épocas muy alejadas, y todo eso, en el
formato de un solo libro, pesa. Las jovencitas leen las novelas de Corin
Tellado en el formato de las revistas porque las revistas son mucho más
llevaderas a esas edades. También son más manoseables. El libro aparece
más compacto para las jóvenes entre los doce y los diecisiete, que son los
años juveniles para quienes va encaminado el producto de Revolve.
160.000 ejemplares vendidos en menos de nueve meses dan
fe de que el invento puede prosperar. Luego del Nuevo Testamento vendrán
otros relatos bíblicos.
Pero, ante la euforia de unos, el rechazo de otros. Y
es que en esto de innovar hay siempre muchos que no entran: “la critican
por combinar el Nuevo Testamento con trucos y secretos de belleza, ya que,
en su opinión, desvirtúan la lectura del texto sagrado”.
Uno, al leer esto, sospecha que los tales jamás han
leído la Biblia. ¿Tendremos que censurar del libro sagrado a El Cantar de
los cantares porque nos distrae, porque no cuadra o porque se nos antoja,
incluso, un tanto subido de tono poético?. ¿O es que la belleza y sus
trucos, para airearla, ofende a Dios?. Nada, que no hay manera de que los
formatos cambien.
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