La Resurrección
Jesús Alfonso Nieves Asúnsolo
Introducción a la Cuaresma III
Algunos me han preguntado del porqué escribo artículos
sobre cuaresma antes de ese período y que mejor me esperara para hacerlo
durante ese momento. En realidad lo hago porque al desarrollar los temas
cuaresmales durante esa época, se pasa ese tiempo y no se tiene la
oportunidad de practicar lo pertinente para ese momento, no teniendo
oportunidad tanto el lector como un servidor de prepararnos para un
verdadero arrepentimiento buscando nuestra conversión, es decir, nuestra
opción fundamental por el amor del Hijo del Padre, de un verdadero amor
que es capaz de perdonar. Además, de prepararnos para entender el
verdadero significado de la Pasión del Hijo y comprender así el llamado
que la Iglesia nos hace durante Miércoles de Ceniza al decirnos “...cree
en el Evangelio” y podamos asimilar el verdadero concepto cristiano de la
Resurrección.
Es cierto que por el estilo de vida hedonista provocado
por la sociedad en la que convivimos no espiritualizamos lo humano al no
escuchar el llamado al seguimiento que nos hace la Iglesia de seguir a
Jesucristo, llamado que el mismo Jesucristo nos hace desde lo más íntimo
de nosotros y no le damos espacio. Nuestra sociedad dificulta por el
estilo de vida que difunde, de que en el hombre pueda realizarse una
experiencia de Dios por medio de la oración como un diálogo íntimo con el
Señor y de un encuentro con Él por su palabra, por lo tanto, en este
período de cuaresma, luchemos contra esos obstáculos que nos impiden esa
experiencia, siendo una de las formas de luchar es el de no luchando, es
decir, dejando espacios libres para que el Espíritu de Dios que viene en
auxilio de nuestra debilidad, actúe para que desde ese silencio de una
soledad interior formada por nosotros, nos capacite y desde ahí, de
nuestro interior no invadido por la sociedad, reconozcamos a Dios, lo
amemos, lo encontremos en el prójimo y le pidamos que no apague en
nosotros la sed de Él.
En ese espacio libre no invadido por nuestra sociedad,
tratemos en forma más precisa nuestro concepto cristiano de la
Resurrección para no quedarnos con una pequeña visión sobre esa acción,
pues generalmente la vemos como el final de una feliz historia,
quedándonos con un paupérrimo concepto de lo que realmente es, ya que no
intentamos comprender que el Resucitado penetra en el cosmos entero,
invadiendo el mundo para hacerse presente en cada hombre.
La resurrección de Jesucristo es la revelación final
del proyecto de Dios para el hombre y el mundo. Es la plenitud de la
Encarnación del Hijo de Dios según el designio del Padre y la confirmación
del Padre de la misión de Jesucristo, por lo tanto, es la resurrección de
Jesucristo el triunfo de la Vida, pues no sólo le da sentido a la muerte
sino a la vida también, en fin, es el puente entre el Cristo de la
historia y el Cristo de nuestra fe, pues sin la resurrección de
Jesucristo, piedra fundamental de nuestra fe, no es posible la existencia
de nuestra Iglesia, porque la vida cristiana como vida específica sólo se
puede comprender a la luz de la Resurrección y de ahí, proviene toda la
vida sacramental y moral del cristiano, de un Jesús resucitado, de un
Jesús vivo.
Sin la resurrección de Jesucristo, su misión hubiese
sido un fracaso, pues el Verbo, Hijo de Dios, Jesucristo, quien se ofreció
como víctima ante el Padre para rescatar a los hombres de su pecado,
hubiese sido víctima del pecado de los hombres y por consecuencia su
misión. Al afirmar que la Resurrección es el triunfo de la Vida, entonces
la cruz no queda como signo de fracaso sino del amor, del compromiso y de
la entrega radical del Reino, pues Jesucristo es la fuerza que salva y el
Reino de Dios en la tierra es la fuerza salvadora de Jesucristo aún
después de la muerte, en su resurrección.
La noticia de la resurrección de Jesucristo es
extraordinaria para el hombre, ya que en su naturaleza humana es igual a
nosotros y participa de toda experiencia humana excepto en el pecado, y sí
el destino del hombre es morir, Jesucristo igual, pero Él, que era de
nuestra raza resucitó, por lo tanto, nosotros también resucitaremos, pues
Sú resurrección es la garantía de la nuestra. Pero es importante que
estemos conscientes que tanto el alma y el cuerpo son signos de salvación
o sea del hombre completo, por lo tanto la resurrección de Jesucristo y la
promesa de la nuestra son el fundamento de nuestra responsabilidad como
cristianos, tanto en el orden social, ya que el Decálogo, que Jesús le dio
plenitud, fundamenta nuestra moral cristiana que exige una preocupación
por el desarrollo integral del hombre, tanto en su dignidad como persona
humana, en sus actividades y comunidades humanas, en su progreso cultural,
como también en la castidad considerada no solamente como un cumplimiento
de un precepto, sino como respeto a la dignidad del cuerpo humano.
Como cristianos debemos suscitar en los hombres la
esperanza de la resurrección, don del Espíritu Santo y, si la Resurrección
es la plenitud de la Encarnación, y si la Encarnación es la máxima
expresión del amor de Dios a los hombres (si es permitido decirlo así),
entonces con la resurrección del Verbo Hijo de Dios, Jesucristo, se nos da
la oportunidad de devolver amor por amor.
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