Desprestigiar la
doctrina católica
Javier Arnal
La doctrina católica es atractiva cuando se conoce y
se vive con coherencia. Siempre es incómoda para algunos, sobre todo para
quienes su vida o sus intereses están en el polo opuesto: en nuestra
sociedad también, porque impera el materialismo consumista.
Porque la doctrina católica no cambia al hilo de las
modas ni de los lobbys dominantes, periódicamente algunos la ridiculizan.
Algunos parece que están parapetados, esperando la ocasión para
presentarla como cavernícola y contraria al progreso.
Ahora se ha vuelto a reproducir esta sinfonía de
despropósitos, con motivo de la presentación del Directorio de la pastoral
familiar de la Iglesia en España, aprobado por la Conferencia Episcopal
Española. Cualquier persona con rigor intelectual percibe la torpeza, la
trampa que de nuevo se ha tendido. Confirma, también, la frecuente
distorsión de los mensajes de la Iglesia en los medios de comunicación,
que lleva a la desorientación de los católicos, y que reclama con urgencia
a la Iglesia que prevea mejor la transmisión y difusión de sus enseñanzas
acertando con nuestra cultura mediática, como el Papa pide.
El mencionado Directorio es de calado, valioso. Animo a
leerlo a todo aquel que quiera tener criterio propio, sin manipulaciones.
Entre otras cosas, traza un itinerario del sexo en nuestra cultura:
primero, separación del sexo y del compromiso; después, separación del
sexo y de la procreación; por último, separación del sexo y del amor.
Llegamos al sexo como mero elemento de consumo. A continuación, los
obispos entre las consecuencias del pansexualismo y de su banalización “el
alarmante aumento de la violencia doméstica”.
Sólo ha merecido atención estas palabras. La relación
causa-efecto es delicada, pero no se puede desautorizar todo el documento
ni aprovechar para denostar la enseñanza de la religión católica -como ha
hecho Zapatero-, pese a que la piden el 80% de los padres.
Tengo dudas acerca de esa consecuencia. Son tan
frágiles los matrimonios que se rompen sin llegar a la violencia, y no se
descarta que el aumento se deba a una mayor denuncia y sensibilidad social
-mediática también- de algo que se debe atajar con más medios. Los obispos
la han incluido en un documento bien elaborado ¡pero era más que
previsible la reacción mediática y política que se ha producido!
Los obispos, que han de mejorar su comunicación; los
sectores que temen la doctrina católica, la manipulan; muchos católicos,
que no se forman y tienen complejos agigantados ante estos fenómenos
mediáticos. Los tres tienen su parte de responsabilidad, sobre todo los
católicos, porque siguen cabizbajos y acomplejados, no se leen los
documentos ni se forman, y por tanto no tienen fuerzas para orientar la
opinión pública, incluyendo el necesario asesoramiento a los obispos para
mejorar la difusión de la doctrina.
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