Jóvenes testigos de
Dios
Felipe Santos
Hoy día le incumbe a todo joven creyente ser testigo
de Dios ante un mundo secularizado. Cierto es que no se encuentra cómodo
en este mundo en el que se mezcla el claro-oscuro.
Tiene ante sí un reto desafiante: caminar con los ojos
abiertos, como cuando conduce su coche a la hora molesta del atardecer y
el amanecer.
Ante cualquier situación, el joven inteligente se hace
preguntas buscando respuestas para vivir. Sabe de sobra que no basta con
cuestionarse la vida, sino que además la conjugación de la fe es
fundamental para no instalarse en lo cómodo y en el estúpido consumo.
Este claro-oscuro conduce al joven a la búsqueda de la
verdad sin abandonarse al desencanto de la rutina, sino más bien intentar
que el Espíritu sea quien actúe en las entrañas de su vida y de la misma
cultura que le circunda.
Es consciente que a su derredor crece lo malo y lo
bueno. Este motivo lo relanza con coraje e ímpetus nuevos a salir de la
mediocridad en que viven muchos de sus colegas.
Tiene muy en cuenta las palabras de Juan cuando habla
de la condición de que somos hijos de Dios: “Somos ya hijos de Dios,
aunque todavía no se ve lo que vamos a ser”.
Todo esto es un estímulo y una llamada a que sepa sacar
la cara- cuando sea necesario- en defensa de los valores que la fe le
aporta en todo los sentidos, principalmente en el análisis de todo cuanto
sucede bajo la óptica de Dios.
SIGNOS VISIBLES DE DIOS
Los jóvenes que, de verdad de la buena, viven inmersos
en la atmósfera e Dios, en lugar de quejarse de quienes les rodean, tiende
una mano a todos para que recuperen su prístino amor a Dios y se vuelvan a
adherir a los valores que cimientan la personalidad de un creyente en el
mundo actual. Se convierten de este modo en personas agradables a los que
pasan necesidades de orden humano, espiritual, afectivo y económico.
Se moja con todos aquellos/ que han perdido la
desorientación de sus vidas por circunstancias personales o por la
dificultad que han tenido y tienen en comprender los parámetros de esta
sociedad tecnificada.
Al joven le hace falta proyectar sobre los demás la luz
de Dios para levantar el ánimo a tantos chicos y chicas que, imbuidos en
cosas materiales, han cerrado sus puertas a la Buena Nueva del Evangelio.
El joven se convierte en signo visible de Dios cuando
transmite su experiencia de Dios a aquellos que se ven despojados de su
dignidad de personas, a aquellos que han perdido la esperanza y se ven
abocados a una vida cada vez más empobrecida.
Joven con testimonio puedes llegar a ser signo visible
de Dios para aquellas personas que necesitan un lugar de referencia donde
se les escuche y atienda en sus necesidades más inmediatas y se les
oriente hacia formas nuevas de vida más evangélica, y le des razones para
vivir y para esperar.
Verán en ti, joven creyente, un signo cuando los
acompañas ganando tiempo al tiempo y no perdiéndolo tontamente como hacen
muchos de tus colegas.
No te desalientes nunca, aunque conozcas tus
limitaciones humanas y tus propios fallos. Dios quiere a chicos /as
lanzados a hacer el bien mientras que otros se contentan con sus litronas
y sus “juergas” los fines de semana. Tiene que haber de todo.
Eres, ya lo sabes, un signo de contradicción para ellos
porque te has entregado a vivir en unos parámetros que van contra la
comodidad y la mediocridad reinante en este mundo neoliberal que se aparta
de Dios y hasta de los mismos hombres.
En tus momentos de intimidad con Dios, recuerda sus
parábolas: la semilla del Reino es como un grano d mostaza que crece, a
veces sin saber cómo, hasta convertirse en un árbol que supera todas las
expectativas.
Ya ves. Eres testigo de Dios tan sólo con un poco de
esfuerzo por tu parte y con el alimento de la Palabra de Dios que siga
viva en todos aquellos/as que la viven la sienten y la transmiten a los
demás.
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