Recopilar datos
sobre violencia doméstica
Javier Arnal
Los obispos han establecido una relación entre la
revolución sexual y el aumento de la violencia doméstica en España.
La temperatura -auténtica virulencia inusitada- del
debate mediático que está originando el Directorio sobre la familia sigue
subiendo. Para que se hagan una idea, una habitual contertulia de
programas televisivos anima en su página web a “quemar la Conferencia
Episcopal”. Lo de volver a 1936 está presente en más de una cabeza...
precisamente de los que se autocalifican “modernos” y “progres”.
Los obispos han establecido una relación entre la
revolución sexual y el aumento de la violencia doméstica en España.
Tendrán sus datos, pero no los conocemos. Habrá que empezar a hacer un
serio análisis estadístico, ya que se invocan cifras: si no, no hay manera
de seguir razonando en esta línea. Hace falta un seguimiento
profesionalizado.
¿Desde qué año disponemos de esas cifras? Una vez
tengamos las cifras, clasifiquémoslas según el vínculo que une a esa
pareja: si están casados por la Iglesia, si les unía un matrimonio civil,
si simplemente vivían juntos, etc.
Vayamos anotando si uno o los dos son españoles, o bien
inmigrantes. Todos percibimos que el aumento vertiginoso de la inmigración
en España presenta grandes cambios sociales, y nos puede dar muchas luces
una conclusión que intuyo: se reconoce que en el aumento de la inseguridad
y de la violencia hay una cifra considerable de inmigrantes, por lo que en
la violencia doméstica puede aparecer este dato concluyente (es decir, que
tal vez no ha aumentado tanto entre españoles, sino entre matrimonios de
inmigrantes o parejas de hecho, por la precaria situación en que viven,
por los engaños o por la justificación de esa violencia que en su país de
origen sí es más consentida).
A la vez, esa estadística ha de completarse, para que
sea ecuánime, con porcentajes: porcentaje de matrimonios por la Iglesia,
matrimonio civil y parejas de hecho conocidas, aunque en este punto
llegamos a una realidad más que elocuente, y es que las parejas de hecho
no quieren ser reconocidas públicamente. Si hay cien casos de violencia
doméstica y 67 se dan entre matrimonios por la Iglesia, no se puede
concluir que la mayoría de los casos proceden del “matrimonio
tradicional”, pues la amplia mayoría se casa por la Iglesia, y hay que
analizar los datos comparativamente con esos porcentajes.
Es evidente que esta estadística es compleja, y tiene
elementos de dudosa fiabilidad (como la mencionada de parejas de hecho).
Pero, entre los últimos casos de violencia doméstica, comprobamos que le
agredió “su compañero sentimental”, expresión que no se usa para denominar
al marido o cónyuge. Aunque algunos han emprendido otra vía para la
confusión: al informar de la violencia doméstica, utilizar el término
“pareja” para denominar todo tipo de uniones, y así todo queda
permanentemente diluido.
Con más datos en la mano, habría mayores argumentos.
También es cierto que las estadísticas tienen con frecuencia muchos
elementos distorsionadores, pero hay que empezar a “contar”. Quien lo haga
ha de hilar fino, con bisturí, porque no le será fácil.
|