La mejor espera
Durante mucho tiempo se ha insistido en la estrecha
relación que vive la madre con el hijo mientras dura el embarazo. ¿No será
tiempo de que también los padres gocen de esta espera?
Mi madre, y creo que casi todas las madres que conozco,
siempre me ha descrito como muy especiales los meses del embarazo. “La
relación que se establece entre la madre y el bebé que está en su útero,
que crece y se alimenta de ella, que la necesita en todo momento, que, en
fin, depende de ella para sobrevivir, es algo maravilloso y muy especial”.
Al punto de que no pocas veces la respuesta que recibo es “inexplicable,
no lo puedo expresar con palabras... tienes que vivirlo para darte
cuenta”.
Esta experiencia ha sido algo que durante mucho tiempo
pareció exclusividad de las madres. El padre permanecía un poco aparte,
era un espectador sin mucho que decir o hacer en el transcurso del
embarazo. Tal vez ha llegado el momento de cambiar esta situación.
Algunos especialistas y estudiosos señalan que “el
padre no nace, sino que se hace”.1 Porque la relación entre un bebé y su
padre no posee los elementos físicos de unión y dependencia que existen
con la madre; y, por lo tanto, el padre necesita poner más esfuerzo, más
“de su parte”, para vivir una relación afectiva con su hijo. Pero es
posible. La verdadera paternidad no resulta únicamente del aporte del
varón a la concepción, sino que requiere la decisión y la búsqueda del
establecimiento de esa relación afectiva llena de amor y confianza.
Ciertamente hay algunas experiencias, sensaciones,
vivencias que sólo la mujer podrá tener; a fin de cuentas, la que está
embarazada y lleva a su bebé es ella. Pero también es cierto que la
existencia del ultrasonido, los avances y descubrimientos sobre el
desarrollo embrionario y la gran cantidad de libros escritos son una
herramienta maravillosa para que el padre pueda acompañar muy de cerca a
su hijo en sus primeros meses de vida.
Muchos ya lo han hecho. Joseph Moore elaboró una página
de Internet (http://www.parentsplace.com/first9months/main.html )en la que
cuenta su experiencia de padre durante la gestación de su hija Emma. Él y
su esposa Deanna supieron que “estaban embarazados” el 20 de mayo de 1998.
Desde ese día, ambos se prepararon para la llegada de su bebé leyendo todo
tipo de libros acerca del embarazo, del parto, del cuidado de los recién
nacidos. Para este matrimonio, esos nueve meses no fueron un asunto
exclusivo de ella; era algo importante que pertenecía a ambos y que fue
vivido y experimentado por ambos.
Tal vez a Deanna le tocaron las náuseas y los antojos
propios del embarazo, pero Joseph estuvo a su lado, la acompañó y buscó
satisfacer esos antojos. De hecho, está convencido de que los bebés son
capaces de discernir entre los diferentes sabores, y que a su hija le
encantan, desde antes de nacer, los helados “Baskin & Robbins”.
Esta forma de vivir en pareja el embarazo está marcando
también una nueva forma de ser padre y de relacionarse con los hijos, es
un nuevo paso en la relación entre padres e hijos. Algo que para la mujer
ha sido siempre muy especial, está ahora al alcance de los padres. Crear
lazos con el hijo que va a nacer, esperarlo participando en su crecimiento
(y desarrollo), forjar esa relación de amor filial desde la concepción
puede ser realidad. ¡Ánimo!
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Notas:
1 Las raíces de la paternidad. Un sociólogo analiza la
ausencia paterna y sus causas David Blankenhorn Las raíces de la
paternidad
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