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La persona es persona desde la concepción y no desde la implantación en el útero materno

El Observador

El debate entre quienes defienden la vida y quienes la mentira, toca su punto culminante: «la persona es persona desde la concepción y no desde la implantación en el útero materno», advierte la Iglesia.

«Es la mentira lo que encontramos siempre, siempre, detrás de la cultura de la muerte, incompatible con el menor asomo de honradez», escribió hace poco uno de los mejores articulistas españoles de la actualidad: Ramón Pi. Mentira hubo en el caso Roe vs. Wade, que legalizó el aborto en Estados Unidos. Mentira en la sentencia Doe vs. Bolton que abrió el paso franco al aborto a petición de la mujer en cualquier momento del embarazo. El «doctor muerte» (Bernard Nathanson) ha confesado —ya convertido al catolicismo— que inventó estadísticas, datos, números para llevar a cabo abortos. Desde 1973, por la mentira, han sido asesinados 35 millones de niños en el vecino país del Norte. Hoy la mentira migra al sur de América, donde vivimos la mitad de los católicos de todo el planeta.

Parecía que en México las cosas caminaban por otro lado. Pero desde que la llamada «píldora de emergencia» fue aceptada dentro de la Norma Oficial Mexicana de Servicios de Planificación Familiar por la Secretaría de Salud hace un par de semanas, pareciera ser que la mentira —ésa que tanto daño le hace a la dignidad de la persona humana— ha instalado sus reales en nuestro territorio.

Sujeto titular de todos los derechos, empezando con el derecho a la vida

Comencemos por hacer una aclaración: la «píldora del día siguiente» aprobada en México no es la RU 486, píldora claramente abortiva. Lo que se ha aceptado es un compuesto hormonal que se debe administrar las 72 horas siguientes a la relación sexual. Su efecto es inhibir la ovulación, impidiendo de este modo la fecundación; o, si ya ha habido fecundación, impedir la anidación del óvulo fecundado. ¿Resultado? En este último caso, un aborto.

La píldora ejerce una acción directa sobre el embrión precoz para impedir su anidación y desarrollo. «La persona es persona desde la concepción, no desde la implantación», ha dicho el filósofo y especialista en bioética Rodrigo Guerra López. Por ello, añade, «el óvulo recién fecundado es sujeto titular de los derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida».

Por su parte, la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, que preside el obispo de Matehuala, Rodrigo Aguilar Martínez, advierte: «Algunos llaman pre-embrión al óvulo fecundado hasta su implantación en el útero; pero con dicho término se trata de una suerte de manipulación del lenguaje, en la búsqueda de negar el estatuto personal del embrión precoz».

Defensa de las compañías trasnacionales en el llamado aborto cómodo

Este domingo 8 de febrero se celebra el Día de los Derechos de la Mujer. Algunos y algunas han querido introducir como «derecho» de la mujer el uso de estos métodos, olvidándose que no es el cuerpo de la mujer sino una persona diferente la que se está gestando en su seno, tal como afirma el filósofo español Julián Marías, en su célebre ensayo sobre la visión antropológica del aborto. Por lo demás, tal como advierte el comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, el uso de la «píldora del día siguiente» lleva en sí mismo muchos riesgos para la salud de las mujeres, pues se trata de una especie de «bomba hormonal» que daña y provoca efectos colaterales múltiples en las que la toman.

Desde luego estos riesgos fisiológicos se han minimizado: «se trata de proteger un negocio (el de las farmacéuticas) no los derechos ni la salud de la mujer», ha declarado a El Observador el padre Prisciliano Hernández Chávez, O. R. C. El 31 de octubre de 2000, la Academia Pontificia para la Vida, pidió a los gobiernos y a la comunidad médica que dijeran las cosas por su nombre, que esta píldora era abortiva, pues «resulta claro que la intención de quien pide o propone el uso de dicha píldora tiene como finalidad directa la interrupción de un eventual embarazo». Con premeditación, alevosía y ventaja. Por ello, la psicóloga Yuso Cervantes dice: «Es un aborto cómodo: no hay dolor para la mujer; no hay intervenciones quirúrgicas ni raspados, nadie se entera… Si maté a un ser humano no me importa, porque no me entero».

Si se conoce el riesgo se acepta la responsabilidad de cometer un aborto

Obviamente, tras de las consecuencias físicas están, en lo hondo de la mujer, las consecuencias morales. La mujer, a la que el profesor Antonio Maza Pereda llama «ángel guardián de la fe», contempla cómo se refuerza el ejercicio irresponsable de la sexualidad. El pecado de la anticoncepción puede derivar en el gravísimo pecado de aborto «ya que al impedir la implantación del óvulo, se está cometiendo un aborto, un atentado directo y voluntario contra la vida de un inocente», ha afirmado la Comisión Episcopal que preside monseñor Aguilar Martínez. Y lanza una advertencia: «No se ve cómo, conociendo que existe este riesgo, la persona que toma el fármaco pueda no estar aceptando la responsabilidad de cometer un aborto».

«La píldora de ‘emergencia’ es una píldora abortiva debido a que priva del derecho a la vida a una persona humana», concluye su análisis Guerra López. La Suprema Corte de la Nación ha aceptado que la vida comienza en la concepción misma del ser humano. Por lo tanto, la aprobación de la píldora por el gobierno podría ser anticonstitucional. De acuerdo a declaraciones del presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el obispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, la propia Conferencia estaría estudiando si antepone un recurso de nulidad por violación a la Constitución, norma vigente en México.

No por el hecho de tomar la pastilla la mujer queda excomulgada

Atraídos por el escándalo, algunos medios de comunicación han advertido que la Iglesia católica mexicana está lanzando excomuniones a diestra y siniestra. Una vez más, mienten. El comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar es muy claro al respecto: 1. Quien cometa o procure un aborto está en pecado mortal y enfrenta la pena canónica de excomunión «automática». 2. La excomunión es una realidad muy grave. Por ello, además de plena advertencia, plena libertad y pleno consentimiento, se requiere, para ser excomulgado, que el acto (en este caso el aborto) se produzca. 3. No cae en excomunión automática quien intenta el aborto pero éste no se produce ni quien comete un aborto sin la intención deliberada de cometerlo. Tampoco quien desconoce que el aborto está penado con excomunión; sin embargo, quien intenta el aborto o sabe que hay probabilidad de que se produzca, comete pecado de aborto.

En el caso de la «píldora del día siguiente», no hay certeza de que siempre que se tome se produzca un aborto. «Por lo tanto, dice la Comisión de Pastoral Familiar, es difícil hablar de excomunión... Además, muy probablemente, una persona puede tomar esta pastilla no con la deliberación voluntaria de cometer un aborto, sino de evitar la concepción». Aunque la responsabilidad contraída por quien toma el fármaco es enorme la persona «no por el hecho de tomar esta pastilla queda excomulgada, salvo en el caso de que lo hiciera con la certeza de haber concebido y con la intención deliberada de destruir el producto de la concepción ante de que éste se implante, y cuando, de hecho, se verifica la expulsión del óvulo fecundado, sabiendo que este acto está penado con la excomunión», termina diciendo el comunicado de los obispos.

 
 

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