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Dos pensamientos sobre la Iglesia

Walter Turnbull

Con todo este lío de la píldora del día siguiente, dos pensamientos sobre la Iglesia se me vienen a la mente

1.- Gente encumbrada del gobierno y del mundo liberal a todo lo largo y ancho del planeta, se desviven por demostrar que la pastillita no es abortiva y arremetan contra la Iglesia por sostener su afirmación de que sí lo es.

Pregunto yo: Si son gente que apoya el aborto ¿Porqué se molestan tanto en demostrar que la pastilla no lo es? Si no son católicos ¿Qué les importa lo que diga o deje de decir la Iglesia?

A mí, por ejemplo, que no pertenezco al Club Deportivo “London”, y que me encanta la ropa de color, me importa un pepino si el Club Deportivo “London” prohíbe a sus socios el uso de ropa de color. No me afecta. Usted no me verá metiendo mis narices en los reglamentos del club, ni alegando que negro no debe ser considerado como color. Sin embargo, los paganos promotores del aborto -y de la tolerancia-, no dejan de meterse con la Iglesia para que acepte la famosa píldora no es abortiva.

¿Será que se preocupan mucho por los derechos de los pobres incautos que podrían ser engañados por la Iglesia y los quieren proteger? Aquí entre nos, no lo creo. Existen muchas violaciones muy graves contra los derechos humanos en nuestra sociedad y uno no ve que a los liberales les importe mucho.

Mi impresión es que en el fondo a todos les interesa lo que la Iglesia dice. Todo mundo en el fondo, para su gusto o para su disgusto, lo reconozcan o no, se da cuenta de que la Iglesia es la voz de la Verdad; por eso es el enemigo común. Sin tener el valor para cortar por lo sano y olvidarse de lo que la Iglesia diga, prefieren esperar ilusamente que la Iglesia cambie su moral para que ellos puedan hacer lo que les plazca sin perder la amistad con Dios. Quieren tener su propia moral, y seguir siendo católicos.

2.- El óvulo fecundado, el embrión, la mórula, el feto... ¿Son vida humana?

¿En qué momento de la gestación le pone Dios el alma al cuerpo? (Santo Tomás de Aquino, siendo quien es, alguna vez pretendió definir en qué momento le era asignada el alma al hombre y en qué momento a la mujer).

¿Puede Dios remediar lo que el hombre destruye con un aborto?

No lo podemos saber; ni usted, ni yo, ni el secretario de salud, ni los expertos de la ONU, ni nadie. Está más allá de nuestra ciencia y de nuestra inteligencia. Todo son , adivinanzas, suposiciones, conjeturas, especulaciones...

Por eso Dios nos dio una Iglesia como garante de la verdad con San Pedro llevando el timón y el Espíritu Santo iluminando a San Pedro. Por eso es necesaria la Iglesia. Por eso los católicos nos sentimos seguros en medio de tanta confusión.

“Hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo...” (1Co. 3, 7).

Sabemos que el aborto es un asesinato porque lo dice la Iglesia porque lo dice el Papa porque lo dice Dios.

Gracias sean dadas a Dios por la Verdad, por al Papa y por la Iglesia.

 
 

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