La nueva diversión
Esto es precisamente lo que asusta: que cierto tipo de
situaciones de la vida real sean convertidas en diversión, en
entretenimiento.
Y uno, luego de leer esta noticia, se pregunta: pero,
vamos a ver, ¿cuántas vidas tenemos?, ¿o cuantas vidas nos hacen tener?.
Porque, claro, esta vida que hasta hace poco teníamos, nos la habían
presentado como un valle de lágrimas o, en el mejor de los casos, como un
camino de transición, o un espacio de transición, para una vida más
imperecedera, eso que se denomina vida eterna, esto es, el estado último y
definitivo de la existencia. Pero parece que no, que la vida, aquí y
ahora, son las vidas, la real y la virtual, y para ello pretenden
educarnos en base a la didáctica de los juegos. Más concretamente de los
video juegos.
Primero intentaron sacarnos del mundo real para
ubicarnos en un mundo virtual, esto es, tramposo, ficticio, ni siquiera
posible. Un mundo en el que anduviéramos como marionetas o, jugando,
utilizáramos las cosas de la realidad como si se tratara de realidades
ficticias, como si de marionetas se tratara. Dicho de otra manera, se
apelaba a la fantasía para escaparnos de la realidad. Posiblemente porque
quienes contemplaban nuestra realidad no la veían satisfactoria o no, al
menos, según sus deseos.
Y todo esto se divulgó en forma de juego, utilizando la
novedosa técnica del ordenador, creando mundos ficticios pero acordes a
las carencias de este mundo real. Parece que el invento no dio resultado.
La nueva fiebre tecnológica y lúdica es retornar a las andadas, esto es,
poner las cosas donde deben de estar, que es en el suelo que pisamos. Dice
la noticia que los diseñadores de estos entretenimientos cibernéticos
están apostando por “sumergir a los usuarios en todo tipo de situaciones
de la vida real como principal fuente de diversión”.
Y esto es precisamente lo que asusta: que cierto tipo
de situaciones de la vida real sean convertidas en diversión, en
entretenimiento: que las guerras reales se conviertan en diversión, que
los atentados reales se conviertan en juego, que las estafas financieras
se conviertan en pasatiempos, que podamos tumbar, jugando, todas las veces
que queramos, las torres gemelas, que vayamos en procura de Hussein con el
realismo trágico de una baraja de naipes, como lo idearon Bush y los
suyos. Esto es lo que asusta, que convirtamos la trágica realidad en
juego, en pasatiempo, en entretenimiento y en aprendizaje.
A esto lo llaman “realismo social” lúdico. Uno de los
juegos dice: “Estos escolares tienen armas, dispare usted primero”.
¿Entienden ustedes esta manera de jugar, esta manera de divertir, esta
manera de sumirnos en lo cotidiano?. Yo no.
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