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Se acabaron los inocentes

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Ahora que la Iglesia Católica apuesta por el diálogo interreligioso, viene el gobierno norteamericano y dice que no, que no hay más que un dios y donde solamente hay uno el diálogo es una tontería.

Todos somos culpables y para ser inocentes hay que demostrarlo. La tortilla se ha dado la vuelta. Todos podemos llevar en nuestros genes engendro de terrorismo, y eso hay que cortarlo por lo sano. Todos, al nacer, si no se nace con nacionalidad gringa, llevamos dentro el pecado original de la violencia. El nuevo sacramento, para liberarnos de él, es estampar nuestras huellas digitales y nuestra fotografía en los archivos secretos de Estados Unidos. De nada sirve un bautismo sacramental clásico si no ha sido practicado por los sacerdotes de la religión de Bush. Aquello que predicaba la Iglesia Católica, de que fuera de la Iglesia no hay salvación, o de que solamente hay una religión verdadera, se ha convertido en auténticamente cierto. Ha venido Bush a demostrarlo: se trata de su religión, de la religión Bush, y todas las demás son herejías y, por ende, combatibles. Estamos dentro de un nuevo tiempo de Cruzadas.

Me tiene preocupado esto de la globalización de la religión. Ahora que la Iglesia Católica apuesta por el diálogo interreligioso, viene el gobierno norteamericano y dice que no, que no hay más que un dios y donde solamente hay uno el diálogo es una tontería. Ni crucifijos, ni turbantes, ni velos, ni estrellas de David, ni budas, ni cuentos chinos. Armas es lo que cuenta y en una sola dirección: la de restablecer el paraíso perdido, la de construir un mundo donde la sospecha sea la norma y donde siempre haya una excusa para intervenir en pos de un por si acaso.

Pues nada, que quien quiera saber si está en la gracia santificante del dios Bush, compre billete aéreo destino el Norte, descienda en un aeropuerto gringo y se someta al rito de la iniciación de la presunta inocencia. No hay otro camino. Antes, los supuestos terroristas eran los acólitos de Bin Ladem, luego los acólitos de Sadan, los de Irán y los de cualquier integrante del eje del mal. Ahora ya no, ahora los supuestos somos todos.

Me gustaría saber si Aznar, si Blair, cuando viajen a Estados Unidos, deben dejar estampadas también sus huellas digitales en los aparaticos de los aeropuertos. Me temo que no. Pero ¿quién le ha dicho a la organización Bush que estos señores no han nacido con el mismo pecado con el que nacimos el resto?

Y es que, en esto de las creencias, también siempre ha habido excepciones. Menos para los norteamericanos.

 
 

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