Se acabaron los
inocentes
Ahora que la Iglesia Católica apuesta por el diálogo
interreligioso, viene el gobierno norteamericano y dice que no, que no hay
más que un dios y donde solamente hay uno el diálogo es una tontería.
Todos somos culpables y para ser inocentes hay que
demostrarlo. La tortilla se ha dado la vuelta. Todos podemos llevar en
nuestros genes engendro de terrorismo, y eso hay que cortarlo por lo sano.
Todos, al nacer, si no se nace con nacionalidad gringa, llevamos dentro el
pecado original de la violencia. El nuevo sacramento, para liberarnos de
él, es estampar nuestras huellas digitales y nuestra fotografía en los
archivos secretos de Estados Unidos. De nada sirve un bautismo sacramental
clásico si no ha sido practicado por los sacerdotes de la religión de Bush.
Aquello que predicaba la Iglesia Católica, de que fuera de la Iglesia no
hay salvación, o de que solamente hay una religión verdadera, se ha
convertido en auténticamente cierto. Ha venido Bush a demostrarlo: se
trata de su religión, de la religión Bush, y todas las demás son herejías
y, por ende, combatibles. Estamos dentro de un nuevo tiempo de Cruzadas.
Me tiene preocupado esto de la globalización de la
religión. Ahora que la Iglesia Católica apuesta por el diálogo
interreligioso, viene el gobierno norteamericano y dice que no, que no hay
más que un dios y donde solamente hay uno el diálogo es una tontería. Ni
crucifijos, ni turbantes, ni velos, ni estrellas de David, ni budas, ni
cuentos chinos. Armas es lo que cuenta y en una sola dirección: la de
restablecer el paraíso perdido, la de construir un mundo donde la sospecha
sea la norma y donde siempre haya una excusa para intervenir en pos de un
por si acaso.
Pues nada, que quien quiera saber si está en la gracia
santificante del dios Bush, compre billete aéreo destino el Norte,
descienda en un aeropuerto gringo y se someta al rito de la iniciación de
la presunta inocencia. No hay otro camino. Antes, los supuestos
terroristas eran los acólitos de Bin Ladem, luego los acólitos de Sadan,
los de Irán y los de cualquier integrante del eje del mal. Ahora ya no,
ahora los supuestos somos todos.
Me gustaría saber si Aznar, si Blair, cuando viajen a
Estados Unidos, deben dejar estampadas también sus huellas digitales en
los aparaticos de los aeropuertos. Me temo que no. Pero ¿quién le ha dicho
a la organización Bush que estos señores no han nacido con el mismo pecado
con el que nacimos el resto?
Y es que, en esto de las creencias, también siempre ha
habido excepciones. Menos para los norteamericanos.
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