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Ver para creer

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Dicen que lo que no se ve no se cree, pero estas cosas hay que verlas para creerlas.

Primero Afganistán y luego, y ahora, Irak se convirtieron en el gran bestseller de la información, de la opinión, del comentario, de la verdad y la mentira, del descontento y del aplauso. Día a día el mundo estuvo pendiente de los titulares y de las imágenes procedentes de estos dos países. Las guerras allí desatadas se vendieron como guerras purificadoras, guerras relámpago, a corto plazo, puesto que le estrategia para los patrocinadores estaba confeccionada para el corto plazo y hasta la ausencia de víctimas civiles, si acaso las imprescindibles

Pero como en estas guerras caza terroristas ha habido tantos fracasos, tantas equivocaciones, tantos objetivos confundidos y tanta técnica bélica que no pudo cumplir el cometido deseado, también se erró en los lapsos. Bus puso fin a la contienda en Irak y está resultando mucho peor la postguerra que la guerra. En Afganistán, donde supuestamente se puso orden luego de la fracasada captura de Bin Ladem, iniciando el año una bomba segó la vida de la menos quince personas, entre ellos ocho niños, al explotar la bomba terrorista, porque para mi todas las bombas son terroristas, las accione quien las accione, en “medio de una multitud de escolares y curiosos”. En Afganistán, como en Irak, el desastre se ha convertido en el pan nuestro de cada día de la postguerra.

Todo esto, para la información y para la política, tiene mucho más importancia y cobertura que otros desastres que acaecen a lo largo y ancho del mundo. Desgraciadamente han echado un manto de olvido sobre otros lugares, con enfrentamientos y penurias desoladoras. Según un informe de Médicos sin Fronteras, al menos diez crisis humanitarias mundiales han sido opacadas por la política y por la información bajo la excusa de Afganistán e Irak.

Es el caso, por ejemplo, de Sudan y la República Centroafricana, o la opresión en Chechenia, o la violencia en Burundi, con trescientos mil muertos a la espalda, o la crisis colombiana, que no solamente es de guerrilla, también de paramilitares y de trafico de droga, o la guerra olvidada del Congo, o la represión China... y tantos otros focos. O sea, que Estados Unidos ha intentado decirnos que todo el mundo anda bien, por la técnica del ocultamiento informativo y por lo estrambótico de sus dos últimas guerras, menos Irak y Afganistán. Los soldados que allí mueren, los de la coalición, son mártires de la libertad; los del Congo, Burundi, Somalia, Colombia, China Costa de Marfil o Chechenia son mártires de la desidia.

Dicen que lo que no se ve no se cree, pero estas cosas hay que verlas para creerlas.

 
 

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