Ver para creer
Dicen que lo que no se ve no se cree, pero estas cosas
hay que verlas para creerlas.
Primero Afganistán y luego, y ahora, Irak se
convirtieron en el gran bestseller de la información, de la opinión, del
comentario, de la verdad y la mentira, del descontento y del aplauso. Día
a día el mundo estuvo pendiente de los titulares y de las imágenes
procedentes de estos dos países. Las guerras allí desatadas se vendieron
como guerras purificadoras, guerras relámpago, a corto plazo, puesto que
le estrategia para los patrocinadores estaba confeccionada para el corto
plazo y hasta la ausencia de víctimas civiles, si acaso las
imprescindibles
Pero como en estas guerras caza terroristas ha habido
tantos fracasos, tantas equivocaciones, tantos objetivos confundidos y
tanta técnica bélica que no pudo cumplir el cometido deseado, también se
erró en los lapsos. Bus puso fin a la contienda en Irak y está resultando
mucho peor la postguerra que la guerra. En Afganistán, donde supuestamente
se puso orden luego de la fracasada captura de Bin Ladem, iniciando el año
una bomba segó la vida de la menos quince personas, entre ellos ocho
niños, al explotar la bomba terrorista, porque para mi todas las bombas
son terroristas, las accione quien las accione, en “medio de una multitud
de escolares y curiosos”. En Afganistán, como en Irak, el desastre se ha
convertido en el pan nuestro de cada día de la postguerra.
Todo esto, para la información y para la política,
tiene mucho más importancia y cobertura que otros desastres que acaecen a
lo largo y ancho del mundo. Desgraciadamente han echado un manto de olvido
sobre otros lugares, con enfrentamientos y penurias desoladoras. Según un
informe de Médicos sin Fronteras, al menos diez crisis humanitarias
mundiales han sido opacadas por la política y por la información bajo la
excusa de Afganistán e Irak.
Es el caso, por ejemplo, de Sudan y la República
Centroafricana, o la opresión en Chechenia, o la violencia en Burundi, con
trescientos mil muertos a la espalda, o la crisis colombiana, que no
solamente es de guerrilla, también de paramilitares y de trafico de droga,
o la guerra olvidada del Congo, o la represión China... y tantos otros
focos. O sea, que Estados Unidos ha intentado decirnos que todo el mundo
anda bien, por la técnica del ocultamiento informativo y por lo
estrambótico de sus dos últimas guerras, menos Irak y Afganistán. Los
soldados que allí mueren, los de la coalición, son mártires de la
libertad; los del Congo, Burundi, Somalia, Colombia, China Costa de Marfil
o Chechenia son mártires de la desidia.
Dicen que lo que no se ve no se cree, pero estas cosas
hay que verlas para creerlas.
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