El empleo femenino,
un tema controvertido
Varios son los mitos sobre el empleo de la mujer que
el feminismo exacerbado defiende a capa y espada...
Varios son los mitos que el feminismo exacerbado
defiende a capa y espada: el primero, que cada vez son más las mujeres que
se incorporan al mercado laboral, en las mismas condiciones que los
hombres, marcando una tendencia que se extenderá a toda la población
femenina; el segundo, que uno de los obstáculos más importantes con que se
encuentran en este proceso es la falta de guarderías públicas; y el
tercero, que la mujer que trabaja a tiempo parcial está explotada e
insatisfecha.
Bajo estas afirmaciones subyace la idea de que la mujer
tiene mucho más que ofrecer a la sociedad como trabajadora que como madre
en su casa. En parte es cierto, en la medida que la aportación específica
de la mujer es una riqueza para la sociedad; sin embargo, es ella quien
debe elegir libremente dónde es más necesaria en cada momento.
Si algo novedoso ha introducido Hakim en el estudio del
empleo femenino, es que las mujeres no son un colectivo homogéneo sobre el
que quepa generalizar. En función de su “teoría de la preferencia”,
distingue tres grupos de mujeres según sus aspiraciones y prioridades en
la relación familia-trabajo.
En primer lugar estaría el grupo de las mujeres
centradas en su carrera profesional, que representan en torno al 20% de la
población femenina. Otro grupo, con un porcentaje prácticamente idéntico,
reuniría a las mujeres que dan prioridad absoluta a sus hijos y
preferirían no trabajar. Estos dos grupos tienden a ser muy estables y
poco influenciables por políticas laborales o familiares a la hora de
hacer sus opciones de vida. Pero existiría un tercer grupo, el más
numeroso (aproximadamente un 60% de las mujeres), que busca “lo mejor de
ambos mundos”. Este grupo, que Hakim bautiza como “adaptive group”, trata
de lograr, a lo largo de toda su vida, el adecuado equilibrio entre las
realidades familiar y profesional, optando por primar una u otra en
función de la etapa y circunstancias en que se encuentre.
Si bien las medidas fiscales o sociales pueden aumentar
o disminuir los porcentajes de cada grupo, esta segmentación siempre se
mantiene, no pudiendo ser ignorada por cualquier política que pretenda
favorecer a la mujer. De este modo, cae el dogma de la tendencia
inexorable a la plena incorporación de la mujer en el mundo laboral.
Simplemente porque ella misma, en un 20%, no lo desea y, en un porcentaje
mayor, sólo lo desea en ciertas etapas de su vida.
En segundo lugar, nos encontramos con la afirmación
categórica de que el aumento de guarderías públicas contribuirá a
incrementar el acceso de las mujeres al mundo laboral. Una medida de este
tipo sería indiferente al primer grupo pues, por ser su preferencia la
vida profesional, o bien renuncian a tener hijos o bien tienen pocos y
están dispuestas a pagar guarderías privadas o niñeras compatibles con
horarios extensivos. En cuanto al segundo grupo, sucedería algo semejante,
pues ya han optado por encargarse ellas mismas de la educación de sus
hijos. En definitiva, tal medida influiría casi exclusivamente en el grupo
flexible: en sus opciones personales y, como consecuencia, en las tasas de
natalidad.
Analizando diversos países europeos, Hakim destaca el
caso francés. A pesar de tener una de las mejores redes de guarderías
públicas del mundo occidental, las mujeres a las que se dirige esta medida
(las del grupo flexible) siguen optando por reducir e incluso suprimir la
maternidad. Y al mismo tiempo, un tercio de las mujeres en edad de
trabajar se mantiene al margen del mercado laboral. Esta política social,
por tanto, no contribuye directamente a que más mujeres trabajen, pues sus
tasas de empleo a tiempo completo se mantienen en los mismos niveles que
otros países europeos con peores servicios de guardería. Además, tampoco
evita la preocupante caída de la natalidad (ni la renuncia de la mujer a
sus preferencias personales de tener varios hijos). Para este grupo, que
prefiere cuidar a sus propios hijos, serían más útiles las políticas de
flexibilidad laboral y permisos de paternidad más amplios, pues son
conscientes de que, en ciertas etapas de su vida, las necesidades de los
pequeños deben primar.
Al mismo tiempo, no podemos olvidar que cerca del 30%
de las mujeres en Francia forman parte del grupo cuya preferencia se
dirige al hogar. Otro tipo de políticas, como las ayudas económicas que
valoran como un trabajo el cuidado de los hijos, o las que favorecen más
nacimientos, serían las más adecuadas para ellas.
El último dogma que estos estudios contradicen, afecta
de nuevo a las mujeres del grupo flexible y mayoritario, el único que se
acoge al trabajo a tiempo parcial. Siempre se ha dicho que no es una
elección libre, sino que se han visto abocadas a tal situación a falta de
un “empleo en condiciones” que debería corresponderles. Y sin embargo, las
investigaciones de Hakim aportan numerosas estadísticas sobre las
preferencias de las mujeres con contrato a medio tiempo. Entre ellas, una
encuesta en el sector bancario australiano reveló que el 25% de las
entrevistadas, aun sin tener niños menores a su cargo, no estaban
interesadas en trabajar a tiempo completo. Cerca de la mitad de todas las
mujeres manifestaba la misma intención. Es obvio que los objetivos y
prioridades de este grupo son muy diferentes a los que muestran las
mujeres que han optado radicalmente por su carrera profesional.
Lo curioso de los estudios de Hakim es que este
fenómeno de la división de las mujeres en función de sus preferencias se
da independientemente de su clase social, país de procedencia o nivel
educativo. Y rompe con las afirmaciones estáticas y universales que han
fundamentado las reivindicaciones del feminismo histórico. Ciertamente,
sus representantes se llevan las manos a la cabeza cuando ven que siempre
habrá grupos de mujeres que opten por permanecer en casa junto a sus
hijos, por tomar un trabajo a medio tiempo o por dejarlo en las épocas en
que sus hijos más las necesitan.
La verdadera política a favor de la mujer es aquella
que se adapta a sus necesidades y deseos más íntimos. Ya sea renunciar a
la familia, entregarse a ella por completo o, lo que a la mayoría de
nosotras supone el esfuerzo de cada día, adaptar la entrega a una u otra
realidad en función de las necesidades de la familia en cada momento. Al
fin y al cabo, las mujeres sabemos bien que las personas prevalecen sobre
las cosas.
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NOTAS
La Dra. Catherine Hakim es Investigadora del
Departamento de Sociología en la London School of Economics, y entre sus
estudios más conocidos, figuran los siguientes:
- “Work-lifestyle choices in the 21st century:
Preference Theory”, Open University Press, 2000.
- “A century of change in occupational segregation
1891-1991”, Journal of Historical Sociology, vol. 7, December 1994.
- “1991 Census SARs: opportunities and pitfalls in the
labour market data”, Work, Employment and Society, vol. 9, September 1995.
- ‘Explaining trends in occupational segregation: the
measurement, causes and consequences of the sexual division of labour’,
European Sociological Review, vol. 8, 1992.
- ‘Segregated and integrated occupations: a new
framework for analysing social change’, European Sociological Review, vol.
9, 1993.
- ‘A century of change in occupational segregation
1891-1991’, Journal of Historical Sociology, vol. 7, 1994.
- “Key Issues in Women’s Work”, London, Athlone 1996.
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