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Bailando con periodistas

Javier Arnal

Ya que el pasado sábado 24 de enero, se conmemoró al patrón de los periodistas san Francisco de Sales, es una ocasión excelente para opinar. Espero otras opiniones.

Se me ha ocurrido el título que indico, recordando la película “Bailando con lobos”, porque para bastantes personas los periodistas podemos ser unos “lobos”, con quienes hay que pelear e intentar sobrevivir. No digo que no haya algún lobo o loba, en esta profesión tal vez más que en otras, y probablemente menos que en otras. Se teme a los periodistas, a los medios de comunicación, y el desprecio que encierran algunas descalificaciones sólo son la tapadera de no conocer o de no poder controlar su uso, su difusión, sus reglas.

No sé muy bien lo que san Francisco de Sales nos diría sobre los medios, si viviera ahora. De lo que sí estoy seguro es de que no se alejaría mucho de lo el Papa Juan Pablo II viene escribiendo o diciendo, reclamando “valentía” a los periodistas para que no se frivolice sobre la familia, por ejemplo.

Hay demasiados estereotipos. Como ha dicho el Papa, es preciso no claudicar ante agobiantes presiones comerciales o ideológicas. Sin pretender añadir ningún “pero”, sino para abundar en las claudicaciones de un periodista, pienso que la claudicación más frecuente -y en eso coinciden muchos colegas- es la claudicación de la comodidad, es decir, no agotar la verdad, porque supone trabajo y esfuerzo.

Si no se claudica ante la comodidad personal, que para mí es la principal batalla -la batalla contra la mediocridad, contra la zafiedad, contra el “se dice” sin escuchar todas las campanas y formarse un criterio lo más objetivo posible-, se puede reivindicar la propia opinión y criterio en buena medida, y se tienen armas para defender la propia conciencia, que es lo que otorga el auténtico humanismo a nuestro trabajo.

También hay que aludir a páginas, revistas o programas, donde jóvenes y mayores vemos o leemos un desfile de esperpentos o sanguijuelas de la intimidad propia y ajena. No soy partidario de que la vida matrimonial de Álvarez Cascos ocupe páginas o programas enteros. Pero difícilmente podrá estar de acuerdo conmigo quien acude a un programa o a un medio escrito a contar sus propias ligerezas matrimoniales o complejos personales, sin sonrojo y jaleado por amigos, parientes y público del plató.

Hay que perderles el miedo y no considerar “lobos” a los periodistas. Tampoco somos unos “corderos”. Utilizando un símil en esta línea, yo diría que son unos caballos, jóvenes y fuertes, que pueden tirar con brío dependiendo de quién los monta y de quién permite que sean unos u otros los jinetes. ¿Qué les parece esta comprometida comparación? A mi me sirve para no sentirme solo, procurar hacer equipo y responsabilizar a cuantos puedo. Si hay mejores imágenes, agradeceré que usted me las ofrezca.

 
 

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