La Cofradía ofrece
una vida nueva
Felipe Santos
De nuevo llegan las fiestas de tus titulares. Con
ánimo y aliento religiosos te dispones a llevarlas procesionalmente por
las calles de la bella ciudad de Málaga. No creo que tu interés se base
sólo en la estética de los pasos perfectamente engalanados, sino sobre
todo en el espíritu de fe que te mueve a hacerlo.
¡Enhorabuena! Cuando el mundo anda en crisis y ante
unas nuevas elecciones nacionales y regional en Andalucía, tú te mueves
por otros criterios que distan mucho de esta crisis, aunque la vivas en
tus propias carnes. Nada cristiano es ajeno al mundo que te circunda.
¡Nada!
¿QUÉ TE OFRECE ESTE MUNDO EN CRISIS?
El ofrecimiento de una vida en plenitud, la gloria de
Dios que inunda la tierra mediante la venida de su Hijo entre nosotros.
Esta ejerce un poder de atracción creador de comunión. Ya ves que hay
algunos que no vienen o dejan el camino ya en ruta.
Tú eres consciente en este año 2004 de que tu respuesta
a Jesús y a su Madre es positiva. Has elegido el mundo de la luz
primaveral y la vida que brota a borbotones en esta nueva estación del
año.
Si lees despacio al evangelista Juan, te darás cuenta
de que “crisis”(juicio), muestra la actualidad del tiempo presente. Es la
confianza y la acogida que haces del mensaje de Jesús hoy.
La venida de Jesús al mundo concreto en el que te
desenvuelves, te coloca ante una alternativa fundamental. Es una “crisis”
que provoca una división y se abren ante el horizonte de tu mirada y de tu
pensamiento con preguntas y más preguntas. Eso es fenomenal. La palabra
“crisis” (viendo su significado etimológico) es someter tu existencia a un
juicio de valores. Y de este juicio emerge en ti una vida nueva, apartada
totalmente de la superficialidad, la mediocridad y la rutina.
Los que no acogen la palabra de Jesús- los rutinarios y
“cumplidores”- se quedan en la simple apariencia. Buscan el prestigio y el
honor a los ojos de los otros para quedar bien. ¿Qué les importará eso a
tus titulares? ¡Nada! Es más, lo condenan como tú mismo si eres audaz.
No les gusta que te quedes apegado a costumbres y
pretensiones sin llegar nunca al significado hondo de la realidad de tu fe
comprometida.
Tú, amigo cofrade, eres capaz de recibir a Jesús,
sacarlo por la calle porque has puesto en él tu confianza y te sientes
alegre y orgulloso de haber nacido de Dios.
¿CÓMO APRECIAR ESTO?
Para apreciar estas dos situaciones en la vida de todo
creyente cofrade, es esencial que las sitúes en la perspectiva fundamental
de Juan, en lugar de interpretarlas según tu propia problemática.
Si estudias el evangelio de Juan, verás que no es una
encuesta sociológica sobre la vida en Palestina o en Málaga en este año
concreto del tercer milenio.
Juan no comparte nuestro interés moderno por la
subjetividad, ni por los condicionamientos históricos y socioculturales.
El quiere simplemente hacerte comprender que Jesús de Nazaret- el
predicador ambulante de hace más de dos mil años- te enfrenta con el
sentido último de tu existencia.
En Jesucristo, el término de tu búsqueda, de tu
felicidad verdadera, aquello para lo que has sido creado, entra plenamente
en el plano de tu historia humana. Su mensaje y su vida son y permanecerán
como la medida última de ti mismo.
Si tu estación penitencial se queda en la calle y no la
llevas como una antorcha encendida en el fuego de tu fe, puede que te
conviertas en un buen costalero- ¡muy bien, por cierto!- pero al que le
falta el dinamismo de un encuentro con Jesús y su Madre en el día en que,
como penitente y peregrino, sales airoso y con devoción a la calle,
inundándola con el perfume de tu adhesión a tus titulares, a ti mismo y a
la Cofradía de la que eres miembro.
Repítete a menudo mientras vas en la procesión estas
palabras del Padre Nuestro Hispanoamericano: “Padre nuestro, que a todos
amas, sin distinguir ni raza ni nación. Santificado sea tu nombre por
enseñarnos la unión fraternal que es tu Reino de amor”.
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