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Sobre el ayuno y la abstinencia

Walter Turnbull

Preguntas y respuestas prácticas sobre éste tiempo que nos ofrece la Iglesia.

¿Qué el ayuno y el sacrificio no son algo pasado de moda, algo del cristianismo antiguo?

Tal parece que no: En un mensaje por Radio Vaticana, Monseñor Bruno Forte (quien esta semana predicará los Ejercicios Espirituales al Papa) lanza una invitación para esta Cuaresma: redescubrir el valor del sacrificio:

«...un pequeño sacrificio, un gesto de amor, posiblemente humilde, escondido, pero auténtico, que cueste algo y que sea hecho por alabanza y amor a Dios y por alguno que sufra y tenga necesidad... sin sacrificio no hay amor... sin amor el sacrificio sería simplemente constricción exterior.»

Por su parte, en la homilía durante el rito de la imposición de las cenizas, Juan Pablo II recordó:

«Ascesis: la palabra misma evoca la imagen de elevarse hacia metas elevadas. Esto comporta necesariamente sacrificios y renuncias.; estar dispuestos a afrontar toda dificultad y superar todos los obstáculos para alcanzar el objetivo prefijado. Para ser auténticos discípulos de Cristo, es necesario renunciar a sí mismos, cargar la propia cruz cada día y seguirle (Cf. Lucas 9, 23). Es la senda ardua de la santidad que todo bautizado está llamado a seguir.»

«Desde siempre, la Iglesia presenta algunos medios útiles para avanzar por este camino... las formas penitenciales típicas de la tradición cristiana, como la abstinencia, el ayuno, la mortificación y la renuncia bienes de por sí legítimos... Todo esto vuelve a presentarse con mayor intensidad durante el período cuaresmal, que representa, en este sentido, un momento fuerte de entrenamiento espiritual... »

¿Y las personas de la tercera edad, y los niños, y los enfermos, y los que por cuestión de tiempo tienen que comer lo que hay?

Bueno, siempre hay alguna forma de ayuno que se puede hacer: Privarse de un postre, ponerle menos azúcar al café, ponerle menos sal a la comida, privarse de antojos de comida chatarra, por una vez en la vida no comer hasta hartarse, tomar agua en vez de refresco, comer verduras, etc...

¿Tenemos que comer pescado en vez de carne?

La abstinencia de carne tiene algunas ventajas: Está comprobado que la comida con más toxinas (la carne) dificulta el estado de oración y meditación. En este sentido el pescado es más conveniente por tener menos toxinas. En segundo lugar, la carne es por tradición un clásico objeto de complacencia. A casi todo mundo le encanta la carne. Dejar de comer carne significa un sacrificio que puede resultar en dominio de los instintos y desarrollo de la voluntad. Por otro lado, en tiempos de Cristo el pescado era la opción barata y la carne la opción de lujo. La idea era comer algo barato y emplear el dinero ahorrado en un acto de limosna al más necesitado. Sustituir -como nos sugiere el mundo del comercio- la carne por un delicioso platillo a base de pescados o mariscos que cuestan más que la carne, es un absoluto contrasentido (por decirlo decentemente). Si no se puede preparar algo barato y sencillo a base de pescado, es mejor hacer un verdadero sacrificio, reprimir nuestro apetito y comer algo a base de verduras. Y emplear el dinero ahorrado en alguna obra de misericordia.

¿No se puede sustituir la abstinencia de carne por algún otro sacrificio y/o obra buena?

En algunos casos se ha manejado esa opción como alternativa, pero aquí entre nos, el que no es capaz de reprimir su gula, más difícil será que pueda hacer otro sacrificio o que se moleste en hacer alguna obra realmente buena. ¿Ha probado usted a reprimir su soberbia, o su envidia, o su rencor, o su sensualidad, o su mal carácter? Lo más probable es que el que no puede hacer el ayuno termine por no hacer nada.

La realidad es que en el ayuno y la abstinencia de carne la Iglesia nos ofrece una maravillosa herramienta para el «entrenamiento espiritual» al alcance de todos; nos permite despejar la mente, practicar la mortificación y posiblemente hasta ahorrar un dinero que se pueda emplear en una buena causa. En lugar de buscar pretextos para no hacer el ayuno, sigamos el sabio consejo de la Iglesia y busquemos una forma de hacerlo adecuada a nuestras condiciones.

 
 

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