Un museo del retablo
ejemplar
J. Antonio Doménech Corral
En esta época de crisis de vocaciones sacerdotales en
que muchas iglesias de pueblos tienen que ser cerradas -con grave
deterioro del patrimonio religioso- por carecer de curas residenciales que
las atiendan, la iniciativa de la diócesis de Burgos que ha creado un
museo del retablo es ejemplo a seguir.
En esta época de crisis generalizada de vocaciones
sacerdotales que sufre la Iglesia, de escasez de personas dispuestas a
dedicar su vida a atender las necesidades espirituales de los demás, la
iniciativa de la diócesis de Burgos que tiene erigido un Museo del Retablo
en la remozada Iglesia gótica de San Esteban, próxima a la hermosa y
monumental catedral burgalesa, es un ejemplo a seguir. Una brillante idea
concebida, estudiada y finalmente gestada por su canónigo "fabriquero"
(encargado de la fábrica de la catedral) don Agustín Lázaro, capellán
también del maravilloso Real Monasterio de "Las Huelgas".
Y es que engaña el número de sacerdotes que uno
encuentra por la zona histórica de la ciudad o el Paseo del Espolón.
Parece que todavía esté por llegar a Burgos esta crisis vocacional, cuando
en realidad hay cura que él sólo tiene a su cargo hasta 13 parroquias, o
poblados. Pero la razón es otra: que la mayoría de los curas prefieren
vivir en la capital y desplazarse con el coche a sus feligresías, como
cualquier laico hace diariamente a su trabajo.
En consecuencia, son muchas las iglesias de poblaciones
rurales que permanecen cerradas al culto con grave deterioro de su
artístico patrimonio religioso y el riesgo de expolio por falta de
seguridad y protección. Y es aquí donde interviene el Museo para cumplir
su finalidad de retirar los valiosos retablos de estas iglesias
abandonadas, proceder a su restauración en los talleres montados en un
anexo de la propia iglesia de San Esteban. Restauración cuyo coste supera
a veces los cien millones de pesetas de las antiguas pesetas, para
finalmente exponerlos en este Museo a la admiración de los visitantes;
pero con la condición de que serán devueltos a la iglesia de procedencia
si alguna vez vuelve a disponer de cura residente. Pero quede claro que el
elevado importe de las restauraciones corre por cuenta de la obra cultural
de las Cajas de Ahorro y entidades bancarias burgalesas, abiertas a
colaborar en la conservación del patrimonio religioso de su región, porque
supone la mejor inversión publicitaria.
Pero es que, además de esta finalidad puramente
artística de conservación del legado religioso, la actividad del Museo que
en la actualidad expone preciosos retablos de los siglos XVI, XVII Y XVIII,
conlleva otras de carácter social y pastoral dignas de tener en cuenta.
Social, porque la mano de obra la ponen más de cien estudiantes de Artes y
Oficios que no perciben sueldo, bajo la dirección general de un sacerdote
titulado en la más prestigiosa escuela de Arte de Madrid; pero cuentan con
sus estudios de carrera, alojamiento y manutención pagados, además de la
prestigiosa acreditación en sus currículos de haber formado parte del
equipo de restauradores de este Museo del Retablo. Hacen cola los
aspirantes. Y pastoral por las interesantes charlas catequéticas que se
dan a los grupos de visitantes, para mostrar cómo la historia que revela
la Biblia fue puesta en imágenes por el hombre mediante el arte en sus
diferentes épocas. Otra forma de evangelizar también ideada por el propio
don Agustín Lázaro, en la que colaboran también laicos por él preparados.
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