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La mansa paloma

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

En días pasados este amante de la revolución, Hugo Chávez, nos sorprendió diciendo: “Yo soy una mansa paloma al lado de Cristo”.

En este país, Venezuela, ya no hay manera de entenderse. En un país como este, en el que siempre la gente se entendió sin complicaciones, que sabía discrepar, pero que se entendía, en el que convivían etnias, colores, culturas, y no solamente locales sino también internacionales, en el que el lenguaje de los extranjeros era objeto de chiste, pero no malsano, ni mal intencionado, sino afable, bonachón..., en este país las cosas han ido cambiando. Es la estrategia planificada de este señor seudo revolucionario a la antigua usanza latinoamericana, cuyo Dios es Fidel y no Jesucristo, ni su crucifijo misteriosamente desaparecido, como el señor Chávez se empeña en darnos a entender. Este señor nada tiene que ver ni con la religión ni con la Teología de la Liberación. No sabe qué es eso.

Chávez intentó manipular a la religión, a la católica y a la protestante, y no le funcionó. Quiso manipularnos con un crucifijo extraído del bolsillo de su chatarrera y termino decapitando Vírgenes. Se convirtió al protestantismo de la noche a la mañana, y no le funcionó. No puede acudir a otras religiones porque de eso no sabe, ni le interesa. Puede que cualquier día de estos nos sorprenda convertido en sacerdote de no sé qué religión vudú o de cualquier otra especie que él se invente.

Jesucristo, de la noche a la mañana, se ha quedado chiquito al lado de Chávez. En días pasados este amante de la revolución nos sorprendió diciendo: “Yo soy una mansa paloma al lado de Cristo”. Este hombre es obsesivo con la divinidad. Muchos poderosos, a través de la historia, han sido obsesivos con la divinidad, se han creído su reencarnación, los depositarios de una redención hecha a su medida y con sus métodos. Chávez invoca a Jesucristo porque, si él, al lado de Jesús, es una mansa paloma, hay que dejar la mansedumbre y empuñar la violencia como arma redentora.

Este señor quiere cambiarnos no solamente las formas para el entendimiento, es decir, para en desentendimiento, sino también las prácticas para la creencia. Su revolución estrafalaria va por todo lo alto, por el cielo y por el suelo. Su sueño es devolvernos al paraíso terrenal cubano que es, a su juicio, el único creado por Dios; el resto de los paraísos han sido ideados por el diabólico, salvaje e infernal neoliberalismo, contra el que no hay tregua.

A estas alturas uno ya no sabe si Hugo Chávez Frías es un estafador o simplemente un demente crónico. Y mare que son peligrosos ambos extremos. Cuando nos informó que era una mansa paloma al lado de Cristo, nos quedamos de una pieza. Como se le ocurra leer El Código da Vinci vamos a ver por donde nos sale.

 
 

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