La mansa paloma
En días pasados este amante de la revolución, Hugo
Chávez, nos sorprendió diciendo: “Yo soy una mansa paloma al lado de
Cristo”.
En este país, Venezuela, ya no hay manera de
entenderse. En un país como este, en el que siempre la gente se entendió
sin complicaciones, que sabía discrepar, pero que se entendía, en el que
convivían etnias, colores, culturas, y no solamente locales sino también
internacionales, en el que el lenguaje de los extranjeros era objeto de
chiste, pero no malsano, ni mal intencionado, sino afable, bonachón..., en
este país las cosas han ido cambiando. Es la estrategia planificada de
este señor seudo revolucionario a la antigua usanza latinoamericana, cuyo
Dios es Fidel y no Jesucristo, ni su crucifijo misteriosamente
desaparecido, como el señor Chávez se empeña en darnos a entender. Este
señor nada tiene que ver ni con la religión ni con la Teología de la
Liberación. No sabe qué es eso.
Chávez intentó manipular a la religión, a la católica y
a la protestante, y no le funcionó. Quiso manipularnos con un crucifijo
extraído del bolsillo de su chatarrera y termino decapitando Vírgenes. Se
convirtió al protestantismo de la noche a la mañana, y no le funcionó. No
puede acudir a otras religiones porque de eso no sabe, ni le interesa.
Puede que cualquier día de estos nos sorprenda convertido en sacerdote de
no sé qué religión vudú o de cualquier otra especie que él se invente.
Jesucristo, de la noche a la mañana, se ha quedado
chiquito al lado de Chávez. En días pasados este amante de la revolución
nos sorprendió diciendo: “Yo soy una mansa paloma al lado de Cristo”. Este
hombre es obsesivo con la divinidad. Muchos poderosos, a través de la
historia, han sido obsesivos con la divinidad, se han creído su
reencarnación, los depositarios de una redención hecha a su medida y con
sus métodos. Chávez invoca a Jesucristo porque, si él, al lado de Jesús,
es una mansa paloma, hay que dejar la mansedumbre y empuñar la violencia
como arma redentora.
Este señor quiere cambiarnos no solamente las formas
para el entendimiento, es decir, para en desentendimiento, sino también
las prácticas para la creencia. Su revolución estrafalaria va por todo lo
alto, por el cielo y por el suelo. Su sueño es devolvernos al paraíso
terrenal cubano que es, a su juicio, el único creado por Dios; el resto de
los paraísos han sido ideados por el diabólico, salvaje e infernal
neoliberalismo, contra el que no hay tregua.
A estas alturas uno ya no sabe si Hugo Chávez Frías es
un estafador o simplemente un demente crónico. Y mare que son peligrosos
ambos extremos. Cuando nos informó que era una mansa paloma al lado de
Cristo, nos quedamos de una pieza. Como se le ocurra leer El Código da
Vinci vamos a ver por donde nos sale.
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