Perdón
No nos quejemos y le echemos la culpa a los otros de
los desperfectos que tenemos en nuestra propia casa y que, en vez de
subsanarlos, los escondemos y los silenciamos.
Los obispos dicen que “no hay lugar en el sacerdocio
para los que dañan a los niños”. ¿Por qué han tardado tanto en decirlo?.
¿Para qué esperar a que se haga oficialmente pública una cifra que causa
nauseas, que avergüenza a cualquier sensibilidad, y no solamente a la de
los creyentes, que escandaliza porque es escandalizadora y, sobre todo,
que se ha procurado ocultar?.
4.450 individuos, ni siquiera quiero llamarlos
sacerdotes, pero si que se han escudado en su condición de consagrados,
son demasiados individuos , solamente en Estados Unidos, para que el
asunto pase por debajo de la mesa. Porque, lo que indigna es que se han
aprovechado de su condición para cometer tales anomalías.
No sé si se trata de perturbados mentales o simplemente
de cobardes. Porque uno puede entender que los sacerdotes, los obispos
incluidos, tengan deslices, relaciones sexuales como Dios manda, ya que,
al fin y al cabo son hombres pecadores, hijos de Eva, abocados a la
tentación. Todo eso uno puede entenderlo. Y perdonarlo. Pero lo de estos
tipos, no. Si tenían ganas de pecar que lo hicieran, pero como la
naturaleza y sobre todo la sensibilidad ordenan, que hasta para pecar debe
haber un mínimo de sensibilidad, un mínimo de ética.
“Se trata de un pecado gravísimo”, han dicho los
obispos. Y claro que lo es. Y la Iglesia, o a quien corresponda en la
Iglesia, debe pedir perdón, por encubrimiento, por consentimiento, por
querer ocultar lo que de verdad es un pecado gravísimo.
La Conferencia Episcopal Española termina de hacer
público un documento sobre Pastoral Familiar, en el que acusa a la
sociedad permisiva, y a los medios de comunicación, sobre todo en lo que
respecta a la divulgación de lo sexual, de todos los males que aquejan a
la sociedad en general y a la española en particular, incluido el descenso
de la creencia y de la práctica religiosa. Entonces, ¿en qué quedamos?. ¿Y
esta reiterada permisibidad hacia los curas estadounidenses, abusadores de
menores, 4.450 individuos que hicieron de las suyas entre 1950 y 2002? A
esto sí llamo yo permisividad. Y mi sensibilidad de creyente me obliga a
condenarlo. Así que no nos quejemos y le echemos la culpa a los otros de
los desperfectos que tenemos en nuestra propia casa y que, en vez de
subsanarlos, los escondemos, los silenciamos, para que no huelan, por
aquello de que no cunda el escándalo.
Lo lamento mucho pero hay que decirlo, aunque nos
escueza y yo, en nombre de mi fe, pido perdón, si es que de algo sirve.
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